Shulamite Ministries

“The call of the world is to 'rise up in strength,' yet the call of the Lord is to 'fear to enter HIS rest.'” — Martha Kilpatrick (Christ in You, Your Hope of Glory CD series)

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Author: Varios Autores

Estos artículos han sido traducidos al español para tu edificación por otros santos del Cuerpo de Cristo, hambrientos y sedientos por conocer a Cristo. Han sido extraidos de las diferentes secciones de nuestra web, como quien extrae un tesoro para asistirte en tu viaje. Esperamos llenos de fervor que te estimulen, que toquen tu espíritu y que aviven aún más las llamas de tu amor hacia nuestro Salvador Jesucristo. ¡Dios te bendiga! ¡Disfrútalo!

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Ya puedes leer "EL UNICO Y EL TODO", "ADORACION" y "CARRO DE FUEGO" (Libros Completos) 

LA FE ES. . . (1)

20 May 2008

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La Fe es una Ley

La fe es una ley...establecida por Dios para nosotros.
Es el don de un poder otorgado a la humanidad
para que lo posea y cultive.
Lo que crees es lo que ocurre. Aparece.

En todas las personas operan una serie de creencias.
Sean verdad o falsas, todos creemos con sólida certeza
en algunas cosas.

El corazón tiene una doctrina confidencial tan arraigada que se
ha convertido en rutina y no puede vislumbrarse.

La fe es una ley. Las cosas que juzgamos ciertas se materializan con igual certeza.
 
El gran enigma es descubrir en qué creo,
porque estoy tan familiarizado y cómodo con mis creencias que
nunca

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La Fe es una Ley

La fe es una ley...establecida por Dios para nosotros.
Es el don de un poder otorgado a la humanidad
para que lo posea y cultive.
Lo que crees es lo que ocurre. Aparece.

En todas las personas operan una serie de creencias.
Sean verdad o falsas, todos creemos con sólida certeza
en algunas cosas.

El corazón tiene una doctrina confidencial tan arraigada que se
ha convertido en rutina y no puede vislumbrarse.

La fe es una ley. Las cosas que juzgamos ciertas se materializan con igual certeza.
 
El gran enigma es descubrir en qué creo,
porque estoy tan familiarizado y cómodo con mis creencias que
nunca las he sacado del pensamiento para darles forma de palabra.
Son opiniones que se han convertido en principios.
Ideas vanas que he convertido en dogma.

Debo hallarlas y
formularlas...
si he de refutarlas.

Mis creencias son como una gran resaca oceánica que
me arrastra hacia sí misma con
una fuerza mayor que mis brazadas,
un catalizador del que no puedo huir.
Pero soy yo el creador de esa fuerza.
La he alimentado y otorgado su poder en
mis recónditas meditaciones.

La gran batalla empieza cuando decido 
cambiar mis dogmas solidificados.
No cambian fácilmente.
Pesan como el plomo.
Sólo los destruyo con golpes equiparados
a la resistencia de mis mentiras.

La fe es una ley. Lo que crees, eso experimentas.
Después tu experiencia demuestra lo que habías creído,
pero es así porque creíste en lo que habría de suceder.
No porque fuese real.

Lo que crees, tiene poder...
poder real para crear.

Si tienes fe en el mal,
el mal emergerá con la fuerza que tenga en tu mente.
El mal probará la fe que tienes en él.
Si tienes fe en el desastre, el desastre te perseguirá.
Pero el desastre no existirá como una fuerza exterior.
Será el estrago que vive dentro de tu
corazón a raíz de la fe en el miedo.

Hay una “religión de rechazo” que cree fervientemente
que ese rechazo será la tónica dominante en todo
encuentro con otros. Y es así.
Se vuelve así...cuando no era así.
De todas nuestras absurdas corrientes de fe,
quizás sea ésta el sepulcro
del cual surgen el resto de podridas fes...
la que nos vuelve ciegos.
Nos convierte en monstruos pervertidos,
maníacos coronados de tiranía.

Es la fe en nuestro propio ‘yo.’ La confianza en nuestra propia
habilidad para hacer… y saber.
No hay una sed para que Dios hable,
porque el “Yo” ha hablado.
Se escucha en lo secreto a este portentoso ‘yo’
y se termina creyendo en la sinrazón.

Somos necios, sí... pero necios peligrosos
que nombran a Dios sin necesitarlo.
Que toman Su lugar
vociferando que le conocen.

¿Recibes lo que deseas en esta vida? Siempre.
Tu deseo yace en el puño de tu fe.

Los deseos nobles mueren a manos de la incredulidad.

La incredulidad es una fe en lo negativo. Una confianza en que
la bendición no llegará.
Una secreta convicción de que Dios no lo hará... no podrá...

Soy expuesto y juzgado por lo que mi vida produce...
y por lo que no produce. Porqué sólo produce lo que creo.
No puede producir lo que no creo.

¿Entiendes ya que esa fe es una ley?

“Te sea concedido conforme a tu fe.”

Una afimación que dice que la manifestación de Dios
no se basa en Su voluntad, en Su poder, en Su propósito,
sino en mi fe.

La fe es de algún modo un ente viviente, algo que late con fuerza
para cumplir su propio propósito.
Sea fe en Dios o no,
la fe expone la imagen que tenemos de Él.

La Fe Auténtica vive porque emana de la
Palabra Viviente, “de la boca de Dios.”
La Escritura, arropada por la presencia del Padre,
es dónde la fe –por medio del amor– es concebida.

La comunión con el Padre, oír Su Palabra personal, es recibir una semilla palpitante.

Absorber la Escritura implanta la auténtica verdad en el abismo
de mi intrincada mente, y diluye las necias conclusiones
acumuladas a lo largo de mi vida.

Es imperativo que construya mi fe por acciones deliberadas,
por el bombardeo de mi propia alma
con la verdad Eterna de Dios
frente a la arrogancia de mis valoraciones.

Estar alrededor de los que tienen fe alimenta la fe.
Camina con un escéptico y tu fe se encaminará hacia la hambruna de la incredulidad.

No obstante... la obediencia y la muerte son las que en verdad forman y liberan la fe.

Entregarse a Dios para hacer Su voluntad,
y la aún más profunda sumisión de morir a la independencia...
... estas rendiciones provocan que Su Propia Confianza entre y
venza al suspicaz corazón humano.

Si sirvieras a Dios pero no mueres por Él,
tu fe siempre empequeñecerá.   

Gál 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo,
mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne,
lo vivo en la fe del Hijo de Dios.


La muerte te introduce en la fe del propio Hijo de Dios,
una fe sobrenatural emanada
de Uno cuya fe lo conquistó TODO.

La muerte de mí es la muerte de este cimiento natural adámico
mío que se tiende a la incredulidad...
que vive en cinismo en cuanto a su Gran Creador,
y que desprecia mi Propio Origen.

¡La incredulidad es asesinada sólo cuando “yo” muere!
Y la fe sólo nace en “Su” vida.

Por eso… alimento mi fe con la Palabra de Dios según el Padre me la va leyendo personalmente,
y mato mi incredulidad por la cruz personal
de mi experiencia diaria.
 
Sin embargo,… en medio de esta Gran Solución
a mi duda innata,
tengo una llave en mi mano que no proviene de Dios.
Un pivote que cierra o abre
la Dinámica de la Fe.

Esta llave eléctrica que sustenta
la Fe y la Duda
en la balanza es
mi simple elección.

Puedo decidir qué creeré.
Puedo escoger en contra de la evidencia,
Puedo refutar el argumento.
Puedo rechazar la lógica y
puedo acallar al acusador.

Es mi elección. Mi elección.
Elijo en cuál confiaré. Escojo la verdad,
o escojo rechazar la verdad.

La opción siempre está… conmigo.

Puedo desear creer, pero
a menos que escoja creer,
mi deseo perecerá en mi regazo.
Sin fe mi deseo
nunca llegará a vivir.
Y culparé a Dios de ello.
La fe viene por el oír, y debo escoger escuchar.
La fe viene muriendo y debo decidir morir.

Y la fe viene por mirar.
Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.

Mirándole a Él, centrándome en Él,
en una dependencia sin hipotecas.
Él es lo Único Real en un abismo de ilusión.
Tengo que desviar mi mirada para poder ver...

Tengo que dejar lo que parece sólido
y acudir a lo que Es Real.

La fe no es fe si se sustenta en el dogma.
La fe es dinámica sólo en la medida en que reside en una
Persona... Aquel para quien fue hecho el universo
y sin El Cual el universo no tiene sentido.

***

 

Tu Fe está en un Árbol

Los Árboles del Edén aún están en pie, siempre delante de nosotros,
representando una opción tan primaria que llegan a ser
–tal y como su propio nombre indica– vida o muerte.

El Árbol de Conocimiento es un árbol de pensamientos.
Creemos que pensando podemos saber.
“Cuando pienso, creo saber…
y creo que lo que pienso es verdad.”

Tenemos en muy alta estima nuestras opiniones.

SATANÁS provocó a Eva para que
pensara... razonara y sacara conclusiones.
Bajo la sombra de ese Árbol pensó con afán
... y entonces pecó.
Perdió a Dios por la deducción.

Sopesó las cosas. Por su cuenta, sin Dios.
El enemigo hace morada a través de los razonamientos,
por lo cual, cuando ella “pensó”, se sentó con él.

Dios no estaba en la conversación ni
entraba en la ecuación.
Eva fabricó su propia solución,
sin esperar, sin escuchar...
meramente pensando.
 
Vivir por pensamientos es morir.

Resolver, saber, tomar conclusiones por medio de pensamientos,
implica perder el contacto en la realidad, pero es aún peor...
¡pues vivir por pensamientos es dejar de existir!
Sólo existimos en tanto hayamos conectado con Dios, y
la conexión se establece por una conversación
que se convierte en comunión de amor...

Al preguntar, abrimos,
y al escuchar, entramos.

La lujuria de saber se despertó en Eva y
germinó en sus hijos,
maníacos enfrentados a Dios.
Los hijos de Eva ahora obtendrán respuestas…
aunque tengan que fabricarlas.

El Pensamiento es un reino peligroso
donde, con disfraz de quietud, Satanás
va añadiendo sus ideas y después te acusa con ellas.

Sugerencias muy, muy elaboradas que contraen
una conclusión infernal.

Cuando Pedro escuchó, oyó del Padre del Cielo
la identidad de Jesús, mientras los otros seguían confusos
en cuanto a Aquel Hombre.

Pero en Jerusalén, cuando Pedro encaró peligro por causa de
Jesús, empezó a pensar –en vez de escuchar–  y de este modo
llegó a ser portavoz del enemigo.

Pensar es el reino dónde Satanás tiene dominio y donde
Dios no está implicado.
No encontrarás a Dios allí.
Él no entra a debatir con reflexiones humanas
pervertidas por lo satánico.
Dios mantiene silencio.

La verdad está allí... pero sólo es una migaja
de verdad encerrada en un ataúd de mentiras.
En esa sombra tenebrosa las mentiras se convierten en la
“verdad”, y la poquita verdad desaparece.
 
El Árbol de Vida es el lugar donde escuchar.
El lugar donde cada dilema
es una pregunta para que Dios la aclare,
una oportunidad emocionante para conocerle por Sus respuestas.

Donde el desconcierto encuentra su explicación
y la confusión su orden...
sólo al prestar atención a la Voz,
a Uno que TODO lo sabe.

Escuchando se le ofrece Su lugar
al Único que sabe y que sabrá…

... pues Dios habla cuando escuchamos, pero calla cuando pensamos.

Pensar o escuchar. Elije.
Es un absoluto y es irrefutable que no puedes tener a ambos.
Cada uno de nosotros vive en uno u otro árbol.
Sabes bien qué árbol te cobija (alimenta)… lo sabes

Y si no lo sabes, prueba tu propio fruto y lo sabrás.

Cada día presenta enigmas sin soluciones...
desafíos disfrazados de problemas.

Las preguntas nacen de la necesidad de saber.
“¿Qué está pasando aquí?”
Los misterios golpean a nuestra puerta, y llegan sin previa invitación.

Lo que haces es correr hacia un Árbol.
Siempre hay un Árbol.
Tienes uno favorito,
uno en el que confías.

En uno de los Árboles esperas. Esperas con tranquilidad.
Haces las preguntas y sabes
que Sus respuestas están más allá 
de cualquiera de tus insignificantes preguntas.

Por mucho que tarde, espera.
No hay alternativa a Su voz, ni suplentes.

Ninguna actividad produce Vida (lo sabes),
así que la única salida que te queda es... escuchar.

El Gran Padre desea tener comunión
a través del catalizador que es
nuestro desconcierto natural ante la vida.
El Padre quiere ser padre...

El Árbol Que Escucha da a luz Vida,
vitalidad para enfrentarla,
y sabiduría para vivirla.

En el otro Árbol, el Árbol del Pensamiento,
examinas, observas lo que es obvio, interpretas las señales
filtradas por una imaginación impura que
lo único que conoce es su propio corazón corrompido.

Lo que observas, consideras, y te elaboras una lista de
explicaciones, y escuchas las diestras sugerencias del infierno.
Tan diestras, que convencen.

Escoges tu propia verdad y la esculpes en el mármol de tu mente.
Se convierte en una proclamación, en un absoluto
ante el que no albergas ninguna duda.

Incluso la denominas “verdad de Dios”,
verdad a la que llegaste... sin Él.

Defenderás esa idea hasta la muerte...
y así te será retribuida.

***

 

El Bendito Pobre

Le doy mi necesidad a cada flirteo del viento,
pero sólo suple este vacío con aire hueco.

Le doy mi desesperación al
charlatán o al vagabundo,
y veo cómo manchan y pisotean Su nombre.
Le doy mi necesidad a mí ‘yo’
y contorsiono mi alma
para que se consuele a sí misma.
Mi necesidad es una vulgar meretriz.
No hace diferencias.
Estas necesidades mías que voy aireando...

Comodidad, entregué mi necesidad a una madre falsa.
Conocimiento, lo entregué a un ideal atrofiado.
Amor, lo entregué a un perro hambriento cualquiera.

Necesito lo que no comprendo y no voy a admitir,
así que arrojo mi pobreza
sobre cualquier altar que me supla algo.

La ambición, el camino que toma la necesidad para justificarse.
La codicia, el hambre de un alma cavernosa.
El odio, el explosivo concentrado por un dolor de amor.
La vergüenza de mi carencia tienta a mi orgullo a mentir.
La desnudez del desamparo me hace
revestir mis huesos de palabras grandilocuentes.
Yo soy la necesidad. Todo en mí es necesidad.
Incluso mi generosidad es mi necesidad... de dar.
No puedo saber, no puedo producir.
No puedo amar, ni durar, ni ser.

Pero ésas son revelaciones antiguas.
Ya no me asusto... son hechos familiares
de una insuficiencia adquirida al nacer.

No hay nada que yo NO necesite.
Nombra cualquier cosa y habrás nombrado mi necesidad.
Arrostrar la cara espantosa de la necesidad
es dar muerte al orgullo,
ese monstruo autodidacta.
Y aquellos que rechazan la necesidad, no la tendrán.
La necesidad abyecta es una forma de vivir,
no un lugar para visitar alguna vez.

La pobreza que desprecio es el tesoro
con el que puedo comerciar.
¡La insuficiencia es gloria! ¡Gozo!
El regalo divino de la oportunidad.
 
Mi pobreza es mi brillante perla.
Necesidad, la escalera directa a Dios.
El evangelio sólo viene para el pobre... como yo.
Mi necesidad es la energía que me mueve...
la motivación de buscar,
la fuerza de la acción,
¡la fuente de la creatividad!

Tendrás tanto como estés dispuesto a necesitar.
Le esperas a Él en la medida en que no tienes otra fuente.
Y cuando esperas... Él viene.
¡Oh, gloria! Él contesta a la necesidad.
Él visita a la pobreza. Sólo a ella... a nadie más.

Jesús, el nombre de los ricos cumplimientos,
Él mismo, el banquete de abundante provisión.
Él, el que brinda la vida mejor,
El Perfecto Proveedor de la insuficiencia humana.
Jesús, Jesús. Sólo Él.

Mi necesidad –cruda y abierta médula–
le pertenece a Él... no a mí,
no a ti,
sino a Él... exclusivamente.
 
Donde son satisfechas mis voraces necesidades,
allí situaré una fe por siempre leal.

La fe no es algo que adquieres como una ganancia.
Es a lo que eres reducido.
La fe desnuda en Dios Padre es una humillación,
la última cosa que consentirás, y
sólo cuando
todas las rocas se hayan desmenuzado...
como el polvo.
Reúno las necesidades inconfesables
que he sembrado, ya sin raíces, en
tierra extraña,
y las llevo a Tu trono.

No las pongo a Tus Pies,
Ni las pongo en Tus Manos.
Las planto en Tu Expléndido Corazón
para que arraiguen allí, donde sobreabunda riqueza
para cada uno de mis procederes.

***

 

La Fe es una Persona

La vida al completo es la búsqueda de una persona, una que
conoce los detalles de mi turbado ser...
de lo que tengo y he perdido,
y que en ese laberinto desnudo
me ama con amor imprudente.

Para hallarlo, construimos amistades fatuas.
Hacemos cabriolas con el dinero,
disponemos de fríos objetos inanimados,
devoramos a nuestro prójimo,
creemos en un perro.

“¿Dónde está mi amigo? ¿Dónde está mi amigo?”
Búsqueda callada o búsqueda descarada,
buscamos sobre todo... relación.
Un compañero. No sólo un amor mutuo,
sino un amor que me ame cuando no puedo amar,
ni soy atractivo de amar.
Que mantenga mi más alto ego ante sus ojos.

Un ser perfecto de hechos perfectos...
un dios, claro está.
Ahí vive ese ideal imposible,
implantado en el alma por creación innata.

Una necesidad ineludible que genera una búsqueda interminable...
parentesco con otra alma.
Un eslabón de comprensión desnuda
con alguien que saque a florecer mi esencia.
Uno que nunca falla, nunca traiciona...
y nunca, nunca te abandona.
El Dios en Tres, el único que paga la factura.
Y Él se encorva a nuestra altura –Padre, Madre, Marido–
para ser Compañero, intimo, perfecto...
el fin de la búsqueda.

La fe surge de esa relación.

La fe se eleva porque descansa únicamente
sobre quién... no sobre qué.

“Yo sé en quién he creído.”

Pablo creyó porque descansó en una Persona,
enseñó doctrina sólo como una sólida verdad
acerca del Único Perfecto.
Y ese Ser Conocible
se convirtió en su única añoranza
y único tesoro.

Hay un requisito previo a la fe, sencillo... posible.
Todo lo que tenemos que hacer es MIRAR.
No a un libro, no a un principio,
sino a una Persona, Divina por una Perfección Ideal.
El que mantiene unido al universo
y lo mantiene alejado de la locura absoluta...
puede sostenerme,
guardarme.
Jesús, Sólo Jesús. Ningún otro, jamás.

El Carpintero Santo pule lo que no es fe,
quitando de la madera muerta la corteza viva.
Escofina de nuestra vida lo áspero,
y lima hasta las últimas consecuencias
lo que nosotros sólo débilmente comenzamos.
Su labor es trabajar en nosotros.
Él es el Artesano de la fe, y nosotros Su materia prima.

Sin embargo, mirar implica profundizar... y es una rareza.

Para que un objeto sea el centro
los demás tienen que apartarse a un lado del camino.
“Apartarse de cuanto distrae”
es abandonar todas mis caprichosas manías,
sobre todo esa obsesión fundamental...
hacia MÍ MISMO.

Mirarse a uno mismo es una adoración propia.
Debo abandonar la invertida observancia del ego
por una Persona Mejor.

Mirar al Consumador es tener la fe.
Miras hacia tu origen,
contemplas en el corazón interior a tu
Única Esperanza.
Es natural, innato.
Ya estás mirando.
La pregunta... ¿hacia dónde miro?

Y mirar es creer.
Lo que contemplas con preocupación
es lo que adoras.
Siempre te anclarás a tu esperanza.

“Poner los ojos en Jesús” es esto:
Contemplación serena y conversación franca
en flujo constante.
La irresistible necesidad apunta hacia Él,
excluyendo a todo y a todos,
y es del todo privada.

Fe ES descansar en un Poderoso Sustentador
que es Dios Omnipotente, pero
también Amor Personal...
Alguien que con una cortesía fuera de lo común,
¡busca de nosotros esa relación
que anhelamos en nuestros sueños!

***

 

La Fe en el Miedo

La Fe es descanso y paz.
La fe sabe Quién es DIOS.
“Yo sé en QUIÉN he creído”.

La fe tiene su reverso...
La incredulidad es un escepticismo velado del corazón,
y el miedo es su manifestación.

El miedo es el síntoma exterior
de que la duda
gobierna dentro...
y no le conoce a ÉL.

El miedo es la fe a la inversa.
La confianza en que Él no vendrá...
la creencia de que Él no está diciendo la verdad,
al menos “no a mí.”

Y por eso reina el miedo.
El miedo de Su fracaso...
la certeza de Su indiferencia.
Éstas son las fes secretas
que incuban el miedo.

Las palabras bonitas excusan el miedo y nos hacen
menos culpables de él como pecado atroz.
En realidad no es miedo, sólo “preocupación”.
“Se supone que debemos preocuparnos por lo que es
importante, ¿no?”
 
No, la ansiedad es mera incredulidad,
y el estrés es una palabra inventada
que oculta el terror
y lo eleva a lo comprensible.
A algo digno de lástima.

El miedo es pecado. Debilidad humana, sí.
Normal en nosotros, sí.

Pero el miedo en Sus discípulos
logró sacar un extraño enojo
al sufrido Jesús.

Él, que era infinitamente paciente,
que soportó sus intrigas y planes ambiciosos
y se mostró amable con Su propio asesino,
no toleró su miedo.

La tempestad en el mar fue el proyector
de sus dudas básicas.
Una prueba de la vida real que evaluaba
lo que comprendían de Él.
“¿Por qué estáis así amedrentados?
¿Aún no tenéis fe?”


Tememos a lo que está bajo
el dominio de Su dedo pulgar,
y no le tememos a Él, Aquel
que se asienta como rey del universo entero
y gobierna hasta la más pequeña gota de lluvia.
 
Temer a la tormenta es
creer en el poder de la tormenta para matarme
y negar Su fuerza para salvarme.
Es traición.
Es una cobardía ciega con la que
Él no muestra ninguna paciencia.

Ante el poder de Jesús sobre la tormenta,
su miedo abandonó la ventisca y se posó sobre
Aquel que tan fácilmente la gobernó,
y su pavor natural
se mudó en un descarnado temor de Él.

“¿Quién es éste?,
¡aún el viento y el mar le obedecen!”


Y ese es el miedo correcto.
El terror legítimo.

El miedo a cualquier cosa, a alguien,
expone, no sólo nuestra falta de fe en Dios,
sino el lugar en el que
depositamos nuestra confianza.
Revela qué...
y en quién creemos.

Lo que temes desvela tu ídolo secreto...
aquel cuyo poder exaltas.
Nombra tu miedo y habrás
nombrado a tu dios.

A lo que temes, sirves.
A lo que sirves, mueres por ello.
(Someter tu ‘yo’ es morir.
Rendir tu libertad voluntariamente es morir.)

A lo qué entregas tu vida... ese es tu dios.

Lo qué temes ES lo que crees.
Lo que crees es lo que tiene poder sobre ti,
y sobre ese lugar edificas
un altar voluntario,
una prisión de tu propia hechura.

Por tanto el miedo es la base y el centro de adoración.
Por eso no osamos temer
siquiera al que puede matar el cuerpo.
El temor se reserva sólo para Aquel que
“puede destruir alma y cuerpo en el infierno.”

La adoración proviene del miedo y el miedo es adoración.

El núcleo de todo temor es este:
el frío pavor a la muerte.
Esa lucha innata por la vida, la fiera motivación
de la propia preservación...
ésta es la raíz oculta del miedo, su poder
para oler el peligro y luchar a brazo partido
para sobrevivir aun cuando signifique
rendir la libertad del alma.

Sobrevivir lo es todo.
Tan poderoso es ese temor a la muerte
en cualquiera de sus formas, a cualquier nivel,
que concederemos, asentiremos,
e incluso abandonaremos a DIOS...
cualquier cosa para estar a salvo.
El hombre que enterró su talento
usó el miedo cómo excusa para ser
descaradamente desobediente.

Tuvo la audacia de justificar su miedo
acusando a Dios de ser el temor
que lo había paralizado,
¡asumiendo que por eso el Maestro
habría de ser tan comprensivo y condescendiente que
renunciaría a aplicar castigo alguno!

Esto no es sólo una parábola,
es un retrato de la naturaleza humana
representada con vivos colores,
nuestra creencia autocompasiva
en nuestros miedos infundados.

Todos lo hemos hecho: defender nuestro miedo
reprochando a Dios
que la vida es dura.

La réplica del Maestro asombra.
Demuestra que Él es duro.
¡Por sólo un talento, un simple talento,
condena a una forma de infierno!
“En las tinieblas de afuera; allí será el lloro
y el crujir de dientes.”

¡Sólo por un pequeño y comprensible temor!

Ese miedo al que tenemos tanta simpatía.
¡Ese miedo a la pérdida y el fracaso impuestos
por la injusticia de la vida!
Ese miedo es llamado por su verdadero nombre,
desenmascarado por el Único
que Lee los Corazones
y que Conoce
TODO pensamiento secreto.

No se trata de miedo...
sino de ser “malvado y perezoso”.
Palabras duras para los pobres humanos.

¿Qué haremos?

El miedo es malvado, no sólo ‘humano’.
El Miedo es maligno porque en el fondo
es una imputación a Dios,
un mazazo a Su carácter.
Un rechazo a Su bondad.
Un insulto a Su poder.

Cualquiera puede temer.
Eso es fácil. Sólo hay que sentarse.
Cualquiera puede edificar el terror
y detenerse ahí...
“¡Un león en el camino!”

Es trabajo, duro trabajo, armarse del valor
de aventurarse para salir afuera y multiplicarse.

Para sembrar tienes que creer en la siembra.
Para arriesgar debes cerciorarte de la seguridad.
Y para creer, debes luchar.
Debes trabajar.
 
No es difícil creer.
Difícil es refutar la duda
ante las pruebas que acuden a tu memoria
y que se acumulan en tu alma.

El objetivo de la lucha es hallar Su visión de las cosas
y mantener esa visión
frente a tu propio razonamiento.

Luchar contra el miedo es luchar con lo que parece
tan sólido y obvio,
refutar las opacas ideas
de tu propia estructura mental.

El enemigo de tu alma utiliza el miedo para
atraparte y retenerte.
Sí te pueden atemorizar, serás un preso voluntario
confinado en una celda sin barrotes.

Y el poder de toda amenaza
es simplemente este: una mentira.
Nada tiene poder sobre ti. Sólo Dios.
¡Nada puede tocarte sin Su consentimiento!

“...ni tengáis miedo.
A Jehová de los ejércitos,
a Él santificad;
sea Él vuestro temor,
y Él sea vuestro miedo.”


El resto de miedos están
prohibidos porque no son válidos.
 
El temor sólo está reservado para Dios
porque Él reina sobre la vida y la muerte...
cielo... e infierno.

Mat.10:28
Mat.14;27-33
Mar. 4:35-41
Isa. 8:13
Proverbios. 22:13

***

 

La Fe es Pasado

La fe sólo es pasado. La fe nunca es futura.
Se completó todo en esa gloriosa proclamación,
el último aliento de Su tortura,
la última palabra de Su acabada vida:
“Consumado es.”

Y murió al momento...

Su obra para salvarnos del infierno,
Su labor para llevarnos a los cielos
quedó fijada en una culminación final que
nunca puede disminuir ni aumentar;
fijada en la eternidad y alcanzable hoy
en la práctica, la solución a todas mis crisis
hasta la consecución de mi último destino.

El carpintero ha terminado de tallar la
madera de Su propia humanidad
moldeando una figura según la voluntad de Su Padre.

Una humanidad nueva... obediente, santa.

Su trabajo acabado es mi trabajo acabado.
Su obediencia torturada es mía...
sin la tortura.
Su victoria sobre la miserable humanidad
es mía para disfrutarla y vivirla.

Cuando Él acabó, yo también “acabé”
y cuanto experimento de Su poder
es sólo lo que ya era
y esperaba a que se abrieran mis ojos,
acuciado por las necesidades de mi corazón.
Es mirar voluntariamente por pura desesperación.

Mi ceguera a Su trabajo consumado
es el obstáculo que impide su disfrute.
Mi única carencia es esta: ver.

¡No “conseguir”, no arrancar de Su mano dolorida
algo aún por conseguir!

Él no tiene nada más que dar, nada más que hacer.
Él descansa en la satisfacción de las Leyes Santas del Padre.

Él descansa de Su trabajo
y yo... yo reposo de mis obras en esa obra vicaria,
de mis propios esfuerzos tediosos para “ser”.
Para “hacer”.

Está hecho. ¿Lo ves?
¿Qué está hecho? Mi destino.
Tu destino.

Nuestro ser eterno.
Estamos completos en Él.
Ahora, en este mismo instante.
No se progresa en ello por nuestra valía.
No se consigue por esfuerzo.

Sólo por hechos consumados...

Él es mi identidad.
Él es mi pureza.
Él es mi... nombra lo que quieras.

¿Esforzándote por ser santo?
Demasiado tarde, ya has sido hecho así.
Procuras alcanzar lo que ya tienes.
Un hombre rico en posesión de toda riqueza
corriendo y jadeando persiguiendo
el tesoro que cuelga aferrado de su mano.

Necio esfuerzo, beneficio nulo.
Perder las propias riquezas que se buscan en ciega ignorancia.

Cualquier cosa que necesito ya está allí.
Su Dádiva aguarda paciente
para cubrir toda demanda que haga mi pobreza
Porque ya está pasado y hecho,
tan sólo recibo.

Nada falta, nada se ha olvidado.
“El Señor es mi pastor, nada me faltará.”

Y cuando vivo en esa certeza descarada,
poseo en vez de carecer, navego y no necesito arrastrarme.

Nunca lo tendrás por quererlo.
Nunca lo verás por esperarlo.
Únicamente lo poseerás cuando sea tuyo,
cuando ‘sea consumado’
y sólo aguardas su aparición cierta.

La fe no es lo que Él “hará”
con un premio futuro,
ni lo que me he ganado
por puntos de bondad.

La fe no es “Él puede que lo haga” pero ahora no lo hará.

La fe es esto: Él lo tiene. Es.
Él reposa porque lo tiene.

Y ahora puedo descansar
este día, cada día,
porque Él ha consumado
incluso el día de hoy.

Jesús ha vencido a la humanidad, a Satanás.
Hecho está.

La eternidad está cumplida.
La historia está completa.
Hasta último detalle, hasta el
último aspecto.
¡TODO está consumado!

¿Cuál es Su trabajo ahora?
Sólo la Oración, la intercesión constante
de que nosotros, Sus tambaleantes ovejas, sencillamente...
creamos en esas parcas palabras,
“¡¡¡consumado es!!!”
y entonces... ver esa Culminación Gloriosa
en una experiencia... viva, personal.

Hebreos 10:10,14
Col. 2:10

 

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