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“Zion is the present dwelling place for those who have no opposition to God.” — Martha Kilpatrick (Zion, Throne of God)

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Author: Varios Autores

Estos artículos han sido traducidos al español para tu edificación por otros santos del Cuerpo de Cristo, hambrientos y sedientos por conocer a Cristo. Han sido extraidos de las diferentes secciones de nuestra web, como quien extrae un tesoro para asistirte en tu viaje. Esperamos llenos de fervor que te estimulen, que toquen tu espíritu y que aviven aún más las llamas de tu amor hacia nuestro Salvador Jesucristo. ¡Dios te bendiga! ¡Disfrútalo!

LA FE ES. . . (2)

Author: Martha Kilpatrick  20 May 2008

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La Fe en la Muerte Después de abrazar lo que Él es en toda Su integridad he de recibir lo que yo soy en base a Su sorprendente descripción . Aquel que no puede mentir, Aquel que todo lo sabe, pasado y futuro por igual –Aquel que conoce lo Real, aquello más allá de lo Evidente– me describe a mí... y a ti. Primero, reclama que no sólo estaba con Él, sino más cerca todavía, EN Él en la cruz. EN Él en la tumba. Cuando Él murió, morí con Él. Extrañas y ajenas, tales ideas. Debo darlas por hecho. Nunca lo entenderé. Sólo como ... read remainder of article

La Fe en la Muerte

Después de abrazar lo que Él es en toda Su integridad
he de recibir lo que yo soy
en base a Su sorprendente descripción .

Aquel que no puede mentir,
Aquel que todo lo sabe,
pasado y futuro por igual
–Aquel que conoce lo Real, aquello más allá de lo Evidente–
me describe a mí... y a ti.

Primero, reclama que no sólo estaba con Él,
sino más cerca todavía, EN Él en la cruz.
EN Él en la tumba.
Cuando Él murió, morí con Él.

Extrañas y ajenas, tales ideas.
Debo darlas por hecho.
Nunca lo entenderé.
Sólo como un niño, aceptando la
sabiduría más alta e insondable del
Último Padre, puedo hacerlo mío.

Aunque parezca que vivo, aunque actúo como si viviera,
estoy muerta.
La evidencia es que vivo, en gran medida, vivo.
Pero el Hecho Presente es que morí.
Cuando lo creo, es así,
y me separo de este reino visible de lo irreal
para vivir en la esfera invisible de
la Verdad Atemporal.

 
Y estoy libre de mí misma...
del pesar y del terror de esta
Residencia Temporal.

Llegando hasta el código mismo de mis células,
me liberó del Edén introduciendo en la médula de mi alma
la aniquilación de sus efectos.
La muerte y la tumba mi liberación, no mi final.

Para creer una idea tan increíble
tendré que creer que necesito una salida
para mi ego impío y para este
Trágico Lugar llamado Tierra.

Siempre y cuando prefiera “vivir y no morir”
permaneceré en vilo, atado a un destino en ciernes
con nudos de un dolor sin esperanza.

Si me apego a “esta vida” y creo
que es mía, que es la mejor,
rehuiré el ‘Regalo de la Muerte’y viviré,
muerta a mi destino.

La muerte es Su solución inteligente sin límites.
La muerte es final. La muerte es total.
Así pues, mediante mi muerte en Su muerte
soy completamente libre.
Intocable.
Inconmovible.

Por tanto, vivo como el que está muerto,
despegada de mi antigua existencia,
arrojando la cadena y el clavo que me anclaban
al continuo e inevitable fracaso.
Pero sólo como un niño puedo poseerlo.
Si soy inteligente y seria,
no permitiré que esa verdad me posea,
exigiré que primero me convenzca y
satisfaga mi famélica razón.
Esperaré a que “suceda”, pero
combatiré su dominio.

No, nunca veré la prueba
de mi muerte hasta que la crea por Su Afirmación.
Por esa única razón.
 
Lo dijo Él. En la medida en que creo en Él, veo que es cierto
en mi experiencia viva de liberación
de ‘mi’ y de ‘ti’...
... de TODO.

Muerte, ese horrible pavor es mi liberación.
El amigo de mi esperanza,
no el enemigo de mi supervivencia.
 
Él dice que estoy muerta. Muerta pues, estoy.
¿Qué pasa con mi vivir?

No importa, ignóralo.
Estoy muerta.
Lo dijo Él.

***

 

Nuevo... Todo Nuevo

No había esperanzas de reforma.
Nada sobre lo que restaurar.
Este problema en torno a mi persona sólo podía
resolverse partiendo de cero... algo nuevo.

Así que no me ponen un parche y me remiendan.
La resquebrajada y goteante vasija se
tira a un lado... ¡es desechada!
Una nueva masa de arcilla sobre el torno
y un ser —fresco y nuevo— se hace girar
y se moldea a Su Voluntad.
Una creación con Su fulgor...
sin mi limitación.
Una sorpresa, un deleite, una vida que me deleitaré en vivir.

Una persona nueva, alguien que no conozco y que no reconocería
pero que al tiempo me resulta familiar, un sueño perdido,
una visión olvidada.
Encajo en esta creación y
este ser encaja en mí
por una perfección de diseño,
divino en su origen.
Soy una ‘nueva’ creación.
En hebreo ‘nuevo’ es una palabra que significa maravilla.
Significa algo nuevo que jamás había existido.

Pero mi fe puede estar tan adherida al viejo andrajo
que sólo creo en la “nueva persona” como
un ideal imposible allá en la eternidad...
“bueno, a lo mejor”.
 
Pero mi Dios dice de mí que soy una nueva creación.
Ahora.

Así que espero y observo maravillada que
la libere a “ella” de mí, que
oprimo y refreno a esa criatura extraña,
espiritual en su esencia,
verdadera ciudadana de una Cultura Diferente
que es capaz de vivir en Otra Realidad
mientras que aquí es normal.

Esta ‘nueva’ persona no soy capaz de definir
ni predecir... ni siquiera desentrañar.
El viejo Adán sólo conoce un surco
de aburrida repetición.
La nueva persona es un misterio que se despliega
a través de un conocimiento de su Creador
empapado en oración.

Soy nueva. Ahora original cuando antes
era igual que los otros:
amadora de mí misma, autocomplaciente,
adoradora de mí misma.

Soy Su sueño delicioso, soñado
antes de que el mundo fuese formado.
Un sueño que ensucié pero que no pude malograr.

Él fue quien sustentó Su idea de mí
y nunca la dejó marchar.
Deshechó al “viejo e infeliz yo”
en la tumba purificadora que
compartí con Él...

“Con Cristo estoy juntamente crucificado,
y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí...
Y la vida que ahora vivo, la vivo en la fe
del Hijo de Dios, el cual me amó
y se entregó a sí mismo por mí...”


Cristo se ha fundido con esta
vulgar cáscara, Su imagen original.
Y por Su presencia EN mí y
dominio SOBRE mí, alcanzo mi verdadero “yo”,
una persona completa sólo a causa de Él
porque desaparece en Él.

El misterio más grande, nunca asimilado por completo,
únicamente se vive... por fe.

Él dijo que soy nueva.
Soy nueva.

***

 

Fe es Obediencia

Hebreos 11:7,8,17
 
La fe es obediencia. Es sencillo.
No siempre es fácil pero es algo muy, muy sencillo.

Noé oyó a Dios,
“divinamente advertido de cosas nunca vistas antes”.
Y empezó a moverse según lo que había oído.
Nadie más lo oyó. Nadie confirmó nada.

La fe se mueve según lo que oyes.
Lo que es locura para otros,
es del todo natural para ti...
si crees lo que has oído.

Pero hasta que no te mueves en base a lo que has oído,
no lo has creído.

Abraham obedeció, ésa es su fe
tan ensalzada por la Biblia.
Se le expone como ejemplo de fe.
Todo cuanto hizo para obtener ese lugar fue esto:
“Obedeció cuando le llamaron para salir...”
“Salió sin saber adonde iba.”


La fe es oír... sí…
pero no has creído
hasta que te has movido impulsado por lo que has oído.
Para Dios no existe el “oír”
hasta que la acción de “ir” se ha iniciado.

Josué creyó donde millones no creyeron.
Sencillamente aceptó lo que oyó
y empezó a moverse...
La voz de Dios para aquel que Él considera fiel es muy
específica. “Así tomarás Jericó.”
No era un plan de batalla ensayado ni conocido hasta entonces.
¿Dar vueltas a la ciudad siete veces en silencio?
¿Y después gritar?
 
Dios, Único Creador,
es siempre original en Su estrategia.

Y esa Originalidad es nuestra dura prueba.

Nunca antes había llovido ni inundado...
no había precedentes que sustentaran
el mandato dado a Noé para construir.

Fue el primer diluvio, el primer barco,
la primera destrucción de la tierra...
y al final, el primer arco iris de promesa.
Noé se aventuró a una nueva dimensión
del progreso siempre fresco de Dios.
Con instrucciones explícitas,
siguió fielmente cada detalle y
“preparó un arca para salvar a su familia.”

Se movió.
A pesar de su lógica, ignorando a sus burladores,
se movió para construir, obedeciendo porque creyó
lo que había oído.

Noé obedeció para salvar la vida.

¡Pero Abraham! Abraham obedeció para
quitar la vida, la vida más preciosa... la de su hijo.

El Dios que condenaba el sacrificio de niños
contradijo Su propia vara de medir y
exigió una obediencia –un desvío muy extraño e inoportuno–
que no tenía sentido ante las
promesas acerca de Isaac.

La fe, la verdadera fe, obedece cuando Dios cambia
Su rumbo y parece ir contra
Su propósito anterior.

Pero en la fe de su obediencia
Abraham nunca abandonó la promesa original
ni siquiera al enfrentar la muerte de su cumplimiento:
“concluyendo que Dios era poderoso para levantarlo,
incluso de entre los muertos...”

¡Asombroso! Creía en el propósito original de Dios mientras blandía el cuchillo.

Fe que se mueve, la fe real se mueve a la par del Dios
que siempre está en movimiento.

La fe vive por la Voz, por la Voz del Ahora
y sólo por esa Inteligencia.

La fe cree que Dios sabe mejor
y que siempre hace lo correcto.
 
En esa tierra –la tierra de la Naturaleza de Dios–
la fe es acción...
y no es Fe hasta que es acción.

***

 

La Fe Vive

1) Todo versa sobre la fe.

La fe es el asunto esencial de la vida, el único negocio.
Esta esfera material está gobernada por fe, no por azar.
No por la humanidad. No por el poder... sino por la fe.
Fe en lo correcto o
fe en lo incorrecto.
De cualquiera de las formas, la fe perfila el mapa del futuro.

Tu propia vida es un cuadro detallado
de lo que crees.

Todas las cosas pasan atraviesan la puerta abierta por la fe.
Es la única llave de la puerta de la provisión.
La fe es todo cuanto hay... y todo cuanto necesitas.

La fe es la única crisis de la vida.
La catástrofe no es la crisis. La crisis es,
la pregunta es, ¿creo a Dios?
Cuando Pedro estaba a poco de ser tentado para negar a su Señor, Jesús le dijo,
“Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos
como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte.”


Jesús no oró por fuerza, integridad, constancia.
No oró por revelación, comprensión,
sabiduría, ni siquiera por santidad.
Oró simplemente... por fe. Sólo por fe.

Me pregunto... ¿será ésa la única oración que Jesús hace por
nosotros porque es lo único que necesitamos?

Pedro negó a Jesús, tres veces y vehementemente,
no porque no lo amase. Lo amaba.
No porque no le siguiera.
Siguió a Jesús... con radical abandono.

Pedro cayó porque dejó de creer
su propia revelación divina de
que Jesús era el Hijo de Dios,
Gobernante, Creador, Amo de todo.
Y de que resucitaría de una muerte cruel
a manos de una humanidad maligna.
Pedro no falló. Su fe falló... así que Pedro falló.

Vivirás por lo que crees.
Puedes ver lo que crees por cómo vives.
Y vivirás y morirás dando vueltas en torno al
radio de tus creencias.

Eres prisionero de tus certezas...
o eres liberado por ellas.
Lo que consideras dentro de ti “cierto como la vida misma”
se convierte en la frontera exterior de tu visión.
Puede ser... cerca... o lejos.
Enorme o minúsculo.
Todo queda determinado por el dilema de la fe.

El miedo es el relámpago cegador de tu incredulidad.
Lo que temes se convierte en el Trono de Poder
sobre el que entronizas a tu dios.

El miedo no es sólo miedo, humano y natural.
El miedo es un naufragio de la fe.

Los discípulos en mitad del mar tempestuoso tuvieron miedo.
Jesús no los reprendió por su pavor o por su cobardía,
¡sino únicamente por tener muy poca fe!

La crisis no era la tempestad que se desencadenó e inundó la barca.
La crisis –y la prueba– residía en su
fe de sí llegarían a alcanzar la otra orilla
porque Aquel que era Dios lo había dicho así.
“Pasemos al otro lado.”

 

2) Vivir por la fe.

Habacuc vivió una crisis aterradora bajo la tiranía de los Caldeos.
Pero ésa no era su verdadera crisis.

Sus temblores eran un interrogatorio al poder de su Dios.
Su fe fue probada en el caldero de la miseria de la vida real.

Cuando un Tirano de la Supremacía gobierna tu propia
existencia... a cada paso que das, en tu calidad de vida,
puede parecer que la cárcel en la que vives es de acero macizo y
que las llaves que te pueden liberar están en manos de uno que
sólo desea tu mal
y busca tu completa destrucción
esclavizándote.

El problema aparente es la “persona” que gobierna,
y la situación te hace perder los estribos.
Pero no, el apuro es un “Dios Bajo Juicio” encerrado en la sala del tribunal de tu recóndito corazón.
DIOS es el acusado y tú el acusador.
Eres el juez y eres el jurado.
También eres el veredicto final.

Cuando el Señor Dios respondió al temor de Habacuc...
le dijo algo asombroso.
“Mas el justo por su fe vivirá.”

Vivir por la fe. ¡VIVIR!

¡Vivir es existir por el poder de la fe,
obtener todas las cosas por la fe,
cubrir todas las necesidades con la FE!
¡La fe es pues el medio para alcanzarlo todo!
¡Todo!

Dios ha puesto el reino de la humanidad bajo las
limitaciones de la fe para que
seamos limitados o liberados
por lo que creemos acerca de Dios.
Y Dios también se ha confinado a Sí Mismo
a las fronteras de nuestra fe.

El principio que gobierna todo asunto de la vida es la fe.
Y los justos funcionan en la vida...
por una supervivencia práctica... por fe en Dios.

¿Quién es justo? Nadie... El versículo dice “justo”,
pero otra traducción es “recto”.

Podría traducirse de esta manera,

“La persona moralmente recta vivirá por fe”.
Moralmente justa... no “divinamente santa, perfecta.”
Moralmente justa es meramente esto:
decirse la verdad al desnudo a uno mismo y también a Dios.
Esta es la rectitud que Habacuc poseyó.
Sabía que estaba dudando de Dios en su mente.
Y lo admitió.

La fe de Habacuc en el poder del enemigo creció y
su fe en la naturaleza de Dios disminuyó.
Y fue lo bastante honesto como para reconocer que
había una acuciante necesidad de oír a Dios
poner las cosas en su sitio.

Cuando Dios contestó a este hombre, Habacuc transcendió a la crisis nacional,
a la urgencia del momento,
y se movió al reino de la Absoluta Confianza en
el poder soberano de Dios y la justicia final.

“Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya frutos...
Con todo, yo me alegraré en Jehová.”

 

3) Jesús ve nuestra fe

Jesús no midió a las personas por su bondad,
por su éxito, o por su nivel social.

Sopesó su fe. Sondeó la medida de fe
y sólo valoró eso.
Respondió, no a su conocimiento ni a su pecado,
sino a su fe.
Alabó la gran fe y lamentó la poca fe.

La madre Cananita pareció oír un ‘no’
de Jesús y se negó a que la ignorase.
Él la provocó a fe y después la ensalzó
por su gran fe.

Ella no cejó.
Insistió, incluso exigió,
y Él tomó aquello por fe, por gran fe.

Se dice que “la fe es la moneda de cambio del reino”.
Dios te da lo que crees que te da,
no lo que Él da.
Sólo lo que crees que te da.
Depende de ti. No de Dios.

A la mujer que tocó el borde de Su túnica ,
Jesús le dijo, “Hija, ten ánimo,
tu fe te ha salvado.”
 
Tu FE  –no solo Su poder,
ni Su buena voluntad–
TU fe te ha salvado.

“Lo siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo :
¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! ”

Jesús preguntó precisamente por sus creencias.
“¿Creéis que soy capaz de hacer esto?”
Ellos dijeron: “Sí, Señor.”

Entonces les tocó los ojos, diciendo:
“Conforme a vuestra fe os sea hecho.”

Llevar tu necesidad a Jesús es la fe.
Simplemente al tomar esa dirección estás mostrando
que crees que Él es la fuente original.
Clamar a Él sin avergonzarte como el Ciego Bartimeo
es una fe maravillosa que obtiene respuesta.

Creer que Él es CAPAZ es la buena fe.
Esto provocó la respuesta de Jesús al leproso.

Creer que Él DEBE... como la mujer Cananita,
¡esta fe no puede ser anulada!

Creer que Él ciertamente lo HARÁ... como el Centurión,
¡esta fe estremece a Jesús!

 

4) Jesús vivió por fe

Aunque Jesús vio cómo se acercaba la negación de Pedro,
tuvo fe para su restauración definitiva.
Había visto lo que iba a suceder por la confidencia de Su Padre y
había orado por la “victoria” de Pedro
para animar a sus hermanos
a raíz de su propio fracaso en la fe.

“... y tú, una vez vuelto a Mí,
confirma a tus hermanos.”


Jesús durmió durante la tormenta,
cuando arreció la urgencia de sus discípulos.
Le atacaron por su dejadez,
por dejarles perecer. Creyeron en la tormenta,
en la muerte, en la indiferencia de Jesús.
Así pues... no creyeron al Hijo de Dios.

Pero Su Padre le había encaminado al otro lado
de Galilea y Jesús no tuvo ninguna duda
en cuanto a su llegada.
Ninguna tormenta, por fuerte que fuera, lo llevó a una crisis que
pudiera ahogar la directiva de Su Padre.

Lo que Su Padre le encargó,
la fe de Jesús aceptó.

“...El cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz,
menospreciando el oprobio.”

Jesús vio el Destino y
pudo soportar el viaje.

***

 

Hallando la Fe

1) Fe y Amor

En muchos pasajes de la Biblia, el Espíritu Santo vincula la fe al amor.
“Lo único que cuenta es la fe
expresada a través del Amor.”

Gál 5:6 (NIV)

El Gran Mandato del Señor Jesús
–el mandamiento único, resumido y esencial–
es... el Amor.

La Ley del Antiguo Testamento fue satisfecha en Jesús.
Pero Él nos dejó la Ley de la Corte Real,
el Sencillo (pero imposible) Mandamiento de Amar.

En esa obediencia la Fe crece. ¿Deseas incrementar tu fe?
Pide Amor, no amor humano,
sino Amor Divino que inunde tu corazón.
Amor ferviente.
Amor incondicional.

Sin el Amor de Dios, la fe –aún siendo grande– pierde su valor eterno.

“Si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y
no tengo amor, nada soy.” 
1 Cor. 13:2b

Nada soy...

La Biblia vincula la fe al amor, pero
nosotros aparcamos la fe por un lado
y hacemos de ella la última meta.

¿Por qué?

Porque anhelamos poder.
Vemos la fe como poder.
La humanidad quiere “mover montañas”,
y por medio de eso, ¡llegar a ser Alguien!
Pero con la espectacular fe “mueve-montañas”,
ausente el Amor, en vez de “Alguien” soy “Nada”.
.
Nuestro Dios de Amor Apasionado valora el Amor
por encima del resto de certezas espirituales.
Incluso sobre la fe.
Nuestra escala de valores ha de ser la misma.

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres;
pero el mayor de ellos es el amor.”

1 Cor. 13:13

A causa de la exaltación de nuestro ego,
la fe no puede operar
sin el Amor de Abba Padre.
La Fe que agrada a Dios tiene al Amor como meta.
El Amor genera Fe…
y hace brotar la Humildad que conlleva su Significado.
El Amor produce un Mayordomo de la fe en vez de
un perito religioso.

Fe sin Amor es estímulo del Orgullo.
Esa fe agrada al hombre.
El amor agrada a Dios.
Y el Amor conjuntamente con la Fe es
la satisfacción de Su Plenitud.

La oración que pide Amor obtiene Fe.
La esencia del Amor es creer
en el Amor de Dios que Todo lo Cubre.

“El conocimiento envanece, pero el amor edifica.”
1 Cor. 8:1

 

2) La voz

Lectura: Mateo 13; Lucas 8:11-18; Juan 15

Así pues, la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo.
Romanos 10:17

La FE viene por oír... la Voz personal de Dios.
La humanidad debe vivir por “toda palabra que
sale de la boca de Dios.”
(Mat. 4:4)

¡Vivir por fe es vivir oyendo!
Amarrando a la Voz de Dios todo los sinsentidos de la vida
sin otra solución aparte de Oír
las palabras de Su boca.

La fe no se obtiene por el mero estudio de la Escritura,
sino al escuchar al Autor de la Escritura
dirigirla hacia ti de un modo personal.

La “Fe Auténtica” ha de escuchar de la boca de Dios.
Y eso requiere buscar Su rostro.
Jesús vivió por la Voz de Dios, sólo por Su Voz
sin otro consejo ni remedio para los males.
¡Y por esa Voz estuvo preparado para
responder a Su Mortal Enemigo
e inutilizarle
en la prueba del desierto!

Cuando Eva dejó de escuchar a su Creador,
escuchó a Su enemigo.

Somos oyentes. Vivimos escuchando.
La pregunta no es “¿cómo escuchar?”
Sabemos escuchar.
Todo sabemos hacerlo perfectamente.

La pregunta es: ¿a quién escuchas?
Sólo hay tres opciones.

La humanidad nunca deja de anhelar escuchar de otro reino,
ese reino del espíritu.

La Voz del Mal habla como si fuera tu propio pensamiento,
ora exalta ora condena... y ambos son mentira.
El desastre se proyecta desde ese “habla interior”

En cambio Dios habla de cosas raras,
ajenas a nuestra familiar degradación.
Él sencillamanete comparte la Más Absoluta Verdad…
y el Bien Futuro.

La Voz de Dios está viva. ¡Crea, forma lo que dice!
Las Palabras transportan la Vida de Aquel que las pronuncia.

Oír es vivir y ser “creado” según la idea misma de la Voz.
Su Voz imparte la fe para Su propio cumplimiento.
Así pues... oír en lo profundo, ¡Oír es Creer!

La Palabra de Dios es una semilla, no un pensamiento.
No una idea, un principio o una noción. Estos están muertos.
Son comida para cebar el cerebro,
carecen de nutrientes para el ser interior.

Sus palabras son de una naturaleza y origen por completo
diferente al nuestro. Son Verdad.
Son Realidad, la Única Realidad. ¡La ÚNICA REALIDAD!

Sus palabras son ciertas... absolutas... impenetrables.
Nuestras palabras son tenues... pueden ser verdad,
o pueden no ser verdad.

Sus pensamientos son Retratos Vivientes
–no son imaginaciones–, y cuando se pronuncian o se ven,
por el misterio de Su poder que mora en el interior de Sus Palabras,
generan Vida reproductiva.

La humanidad produce pensamientos muertos
que se sustancian en necia charla.
De todo el diluvio de palabras escupidas por el febril “pensar”
que se derrama sobre la tierra cada día,
sólo la voz de Dios lleva en sí Vida.

La Semilla Divina de Sus Quietas Palabras es un diminuto grano
que alberga una Explosión de Vida.
Alimento para el corazón con Inconmensurables Indicios de Vida.
 
Él habla al piadoso y al impío.
Él proclama Sus Palabras en una
ofrenda constante de Exquisitos Pensamientos.

Sus Palabras son abundantes por la generosidad
del Corazón de Su Padre.
Es “Maravilloso Consejero”.

No hay problemas con Dios. Él habla.
Él es el Granjero que esparce Su Semilla preciosa.

Mira una semilla y verás una mota insignificante.
Pero comprender la maravilla de la semilla implica ver su
fruto interminable.
Una semilla que produce semillas para que salgan más semillas...
para siempre.

La semilla debe tener su ambiente.
El potencial de la semilla
depende de su hogar.

Sobre el estante, sin plantar, queda inactiva.
En arcilla dura se muere por el sol,
y representa el corazón endurecido.
Así, esa semilla es alimento para los pájaros del aire,
símbolo de lo demoníaco.

La posibilidad de la semilla depende totalmente del suelo.
Vida y muerte se subordinan a la condición del suelo.
 
Y es ASUNTO MÍO acondicionarlo.
La piedra de mi naturaleza pecaminosa debe ser extraída.
Las cizañas de mis pecados han de ser desarraigadas.
Tiene que haber honestidad para reconocer
la verdad en lo secreto del corazón.

Cuando la Escritura se vuelve Palabra en tu vida por Su Voz Personal,
no apartes la vista.
Deja que la Palabra te posea, te tome, entre en ti.

Y cuando la Semilla de Su Voz se planta en tu espíritu,
enseguida encuentra lugar apropiado en las tinieblas de tu
recóndito corazón donde liberarse a sí misma y encaminarse
hacia una vida
del todo nueva.

Dada la calidad de su Origen y Su Poder,
el agua de la Escritura
y la paciencia del granjero,
una vez enterrada en oración
esa “Palabra/Semilla” es liberada para
poder descargar su Energía Creadora y
“llevar fruto y producir, algunas al ciento por uno,
otras al sesenta, otras al treinta”.


¿Eres tierra fértil?
¿Estás preñado de Su voz?
¿Eres jardín plantado?
¿Estás lleno de semillas de promesa,
nutrido por el riego diario de la Palabra?

Entonces la fe crecerá con tanta facilidad y tan milagrosamente
como el fruto que sencillamente aparece en la vid sana.

***

 

Semillas de Mostaza y Sicómoros

Cuando Jesús habló de la Fe, la semilla de mostaza
fue Su símbolo, “la más pequeña de las semillas.”

Sus discípulos oyeron entonces a Jesús decir que la voz de Dios
es una semilla, escondida en el interior, poder de Vida y
Reproducción, “algunas produjeron al treinta, al sesenta, y otras
al ciento por uno.”

Mateo 13.

La semilla de mostaza, símbolo de la Palabra Viva impartida en
el corazón de aquel que escucha,
lleva en sí misma
la fe de Dios Mismo,
traspasando la incapacidad humana para creer.

La Fe es una Semilla sembrada, una partícula de Vida Celestial
preparada para echar raíces y producir en la
oscuridad del suelo de un corazón limpio.
(Lucas 8)

La Fe no es la exaltación de un hecho escogido por lo humano
que se lanza a Dios para retorcer Su brazo de acción.

Esta Semilla proviene de una Esfera diferente,
muy superior porque es Vida,
no mero pensamiento.

La Semilla de la Voz de Dios es derramada sobre nosotros cada
día por la abundancia de Su generosidad.

Dios se goza en hablar a Su creación, y por medio de
Su voz impartir el Potencial Vivo
de una partícula que lleva en su interior
una dinámica, una explosión de fruto.

Todo cuanto se requiere para tener fe es
un Oído Abierto mediante un Corazón Rendido,
arado y rastrillado,
no distraído por el deseo lascivo de información mental.

 

María Oyó

La Fe es impartida por la Voz de Dios al
creyente solitario.
Oír es obtener a Dios.
“La Fe viene por el oír y el oír por la Palabra (la voz) de Dios.”

Esa Palabra de la voz personal de Dios es única
porque es “embriónica”, no meramente “informativa”.
Es una semilla de reproducción Divina,
capacitada para su propio cumplimiento.

María escuchó al ángel
y sabiamente buscó entender
aquellas Palabras Divinas.

“Para Dios nada es imposible y
ninguna palabra de Dios es sin poder o
imposible de cumplir”.

Lucas 2:37

La Explicación Divina le dio
un entendimiento sobrenatural.
Su obediencia no se basó en deducción humana.
Al conocer los propósitos de Dios, Su camino,
se entregó a sí misma, destino y futuro,
para ser vencida por la Semilla de Dios,
la Palabra personal que Dios le dio.

Entonces Maria dijo, “He aquí la sierva del Señor.
Hágase conmigo según tu palabra.”


Una profunda recepción de la Palabra...
ofreciéndose a sí misma para
quedarse encinta del Hijo de Dios.

Así como el esperma lleva en sí la vida del padre,
la “Semilla-Palabra” lleva interiormente
la Vida Infinitésima del Padre Eterno.

Cuando Él habla, Su vida está en Sus Palabras,
Vida Reproductora. “Vida-Dios.”

Y para nacer, la semilla contiene,
además de la Vida,
la fe de Dios Mismo.

 

Moviendo montañas y árboles

Lucas 17:6 Si tuviérais fe como un grano de mostaza, podríais
decir a este sicómoro: Desarráigate y plántate en el mar; y os obedecería.


Mateo 17:20 Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo,
que si tuviéreis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte:
Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

 
Si tuviéreis fe (que vive) como un grano de mostaza.
(Énfasis mío)

Jesús igualó la fe a una semilla de mostaza.
La Fe debe ser una Semilla, no una opinión.
La Fe es estar preñado de la Semilla
de la Voz Creativa de Dios.

“Sea... y fue.”

La Fe ha de mover montañas y desarraigar árboles.

Las “montañas” simbolizan aquí al
hombre de polvo engrandeciéndose a lo sumo
con toneladas de sucio ego.
La montaña es orgullo, oscurece a Dios
y toma Su lugar por presunción.

Los sicómoros son un símbolo de la guerra
contra los enemigos de Dios. (1 Crónicas 14:15.)
Árboles cuyas raíces se enredan en nuestra humanidad terrenal,
obstáculos malignos que cortan el paso
a la expansión de Dios.
 
El propósito de La Fe es mover
las montañas del orgullo humano y
desarraigar los árboles de interferencia maligna.

La fe es como una semilla de mostaza,
por la que Dios concede vida y poder.
La Semilla de su Voz Creadora.

 

Palabra en la que habitar

Si permanecéis en mi y mis palabras permanecen
en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho.

Juan 15:7.

La oración es contestada, el deseo es cumplido,
cuando la Palabra de la Voz de Dios,
–especifica y secreta para aquel que escucha en silencio–
se alimenta y cuida
como una maravilla preciosa.

Bajo esta evocación de fe,
la Semilla Atesorada puede germinar.
Nada puede detenerla.

 

Árboles en los que anidar

La Fe es una Impartición Divina
para el engrandecimiento de Dios,
no para la promoción del “yo”.

Jesús fue tentado en el desierto
para utilizar la Palabra y el Poder de Dios
para el engrandecimiento de Su ego humano.

“Enséñame tu magia”... convierte las piedras en panes.
“Controla a la humanidad”... gobierna reinos.
“Fuerza a Dios para que obre”... salta del mirador.
Control... de la materia, del hombre y del Hacedor,
todo para tu propia preeminencia.

Eso no es Fe
sino perversión.
Dios permite que existan las dos en Su reino.
La Palabra de Dios habla y nos presenta
una opción... y una prueba.

En otras tres ocasiones, Jesús mencionó
la semilla de mostaza de la fe
con una aplicación completamente diferente.

Mateo 13:31
El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un
hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de
todas las semillas, cuando crece es la más grande de las
hortalizas y se convierte en árbol de modo que vienen las aves y
anidan en sus ramas.


Marcos 4:30
¿Con qué vamos a comparar el reino de Dios?
¿Qué parábola podemos usar para describirlo?
Es como un grano de mostaza: cuando se siembra en la tierra,
es la semilla más pequeña que hay. Pero una vez sembrada
crece hasta convertirse en la más grande de las hortalizas y
echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar bajo su sombra.


Lucas 13:18
¿A qué se parece el reino de Dios?
¿Con qué voy a compararlo?
Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su
huerto
. Creció hasta convertirse en un árbol, y las aves anidaron en sus ramas.


La Semilla Divina no está diseñada para ser plantada
en la tierra con el fin de que eche raíces que ensanchen el mundo.
Su fin es cambiar la
faz y la geografía de la humanidad,
conquistar lo invadido por el enemigo.

Su Palabra Hablada es para ser proclamada, no enterrada.
Extendida para Él, no acaparada para nuestro ego.
“Habla a la montaña.”
“Habla al sicómoro.”

¿Puedes ver la diferencia entre
sembrar en la tierra
y mover la tierra?
Su Palabra es para el engrandecimiento de Su reino,
no el mío...
 
Estas tres semillas de mostaza fueron plantadas
por ambición personal, usando
a Dios para construir un reino humano,
suntuoso y enraizado profundamente en la
tierra de la vana ambición.
Los árboles de raíces gigantescas
son “amor al mundo”
en vez de al cielo.

Somos peregrinos, no residentes.
Somos trigo que es segado continuamente,
No árboles perennes de enorme altura,
Sino trigo común, cortado y servido para
saciar el hambre de Dios que tiene el mundo.

Jesús nos habló de “las aves”.

Los pájaros son “el maligno”.
(Mateo 13:19)

A veces la generosa Voz de Dios se convierte
en promoción de lo propio, da abrigo
al “maligno”, que anida
doquiera que reina el ego.
Esta es su maligna naturaleza: ambición.

La Palabra que Dios nos habla tan libremente,
puede ser usada en
dos esferas espirituales opuestas.

Una es para remover las montañas y árboles
que obstaculizan el camino de Dios.
La otra construye monumentos que ensalzan al ego,
árboles descomunales para excluir al Señor
y dar cabida al que le odia.

En el árbol grande sembrado sobre tierra sucia,
el maligno puede ocultarse en la oscuridad de
su sombra y en las ramas de su religiosidad.

Dios, por Su don de libertad,
permite que hagas con Su Palabra
lo que quieras.

La Palabra que lleva fruto está diseñada para sembrarse en el
corazón espiritual que es limpio y honesto
y luego lanzarse al aire proclamándola.

La Palabra no está diseñada para ganar un
impresionante trono para el yo
enterrada bajo lo terrenal.

La Abundancia no es en sí misma algo malo.
Pero, ¿para quién es esa abundancia?

¿Cuál es su propósito?
¿Control o dominio Divino?
¿Tú Ego o Dios?

Dios permite que Su Preciosa Semilla sea entregada a todos.
La crisis es qué hacemos con ella.

Los árboles y la madera representan la humanidad común.
Él fue clavado en un Madero, colgado para morir,
empalado sobre nuestra imparable decadencia.
 
Cuando somos separados de las raíces del mundo
y somos muertos por haber sido cortados,
entonces podemos ser transformados en un arca
de la Presencia de Su Tabernáculo.

Él fue Carpintero, e hizo uso de madera muerta,
vaciando y allanando
una humanidad para ser cuna de Su Divinidad.

Pero, por favor, no un árbol arraigado en tinieblas profundas,
ocultamente aferrado a lo que es maldito.

 

Copyright © 1999 Martha Blaney Kilpatrick

 

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