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Author: Varios Autores
Estos artículos han sido traducidos al español para tu edificación por otros santos del Cuerpo de Cristo, hambrientos y sedientos por conocer a Cristo. Han sido extraidos de las diferentes secciones de nuestra web, como quien extrae un tesoro para asistirte en tu viaje. Esperamos llenos de fervor que te estimulen, que toquen tu espíritu y que aviven aún más las llamas de tu amor hacia nuestro Salvador Jesucristo. ¡Dios te bendiga! ¡Disfrútalo!
LOS RELATOS DE LOS ASNOS
Author: Martha Kilpatrick 24 May 2008
La Ley de Dios para los Asnos
Desde el momento en que el Señor Dios le entregó a Moisés los
Diez Mandamientos, también estableció leyes específicas para
que Israel las siguiera, y pronunció una extraña ordenanza sobre los asnos:
Ex 13:13 Mas todo primogénito de asno redimirás con un
cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz.
El asno estaba en una categoría ditinta al resto de animales. Tenía
que ser redimido con sangre, ¡y sangre de cordero! Para tener un
asno tenías que sacrificar un cordero. Esta era la específica ley de Dios.
No había ningún otro animal que tuviera que ser así redimido con sangre.
Era la ley de Dios.
Num. 18:17 Mas el primogénito de vaca, el primogénito de
oveja y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados son;
la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la
grosura de ellos, ofrenda encendida en olor grato a Jehová.
Ovejas y cabras se usaban en sacrificios para Dios y por tanto se
apartaban para Su servicio. Apartado significaba “santo”.
Sólo el asno tenía que ser “redimido”... “extraído de”.
Su libertad tenía que asegurarse bajo un precio,
ese precio fijado por Dios en sangre,
sangre de cordero.
Valerte de un asno en Israel tenía un precio...
el precio de otra vida preciosa.
El asno evidencia la peor de las características de la humanidad:
Obstinación.
“Asno” es resistencia... terquedad de propósito.
Obstinación es cuando una persona no obedece, no escucha…
y no lo hará.
Cuando la voluntad se fija en un “no” inapelable,
eso es “asno”.
Nacimos tercos. Es lo que somos y esa obstinación sin freno será
nuestra caída. La pérdida de todo... destino, propósito... ¡Dios!
***
Cristo Jamás un Asno
Jesús se representa como un buey
–siervo y cordero– el manso.
Pero nunca se le identifica con la naturaleza del asno.
Bueyes y ovejas son santos. No se requiere redención sanguínea.
Se utilizaban en sacrificios de sangre, pero el asno,
siendo de ningún uso, debe nacer
con una inmediata redención por sangre de cordero.
La rebelión proviene de la obstinación y sucumbe
bajo el inmenso perdón de Cristo.
La sangre del Cordero que cubre
nuestra elemental identidad de pecado… la de un asno.
Somos ovejas. Las ovejas son vulnerables y estúpidas.
Las ovejas evidencian humanidad.
Cristo Mismo se hizo oveja como nosotros...
Al igual que la humanidad
las ovejas sólo son débiles,
pero el asno es nuestra naturaleza de pecado
cuya raíz secreta es un corazón obstinado
que no cede.
Las ovejas son tontas. Las ovejas son los creyentes. Las cabras
son necias. Las cabras son los incrédulos, pero ambos se usaban
para el sacrificio del altar. Jamás se usó un asno para una ofrenda.
***
La Historia de la Familia Asno
Mi padre era huérfano, criado por una familia francesa que le
adoraba. Para que jugara le daban su propio asno y un carro.
Un día él y un amiguito estaban jugando con el asno, intentando que
se moviera y tirara del carro. El asno se afianzó en sus traseros y
no se le pudo obligar a moverse ni un metro. Empujaron, rogaron.
Le pusieron una zanahoria delante de la nariz.
El asno no se movía.
El asno ganó.
Ah, tuvieron una idea perfecta. Encenderían un fuego debajo de
la panza del asno, entonces tendría que moverse. Así que
levantaron una pequeña pila de palitos y de paja bajo el asno y
prendieron el fuego. Te lo aseguro, el asno se movió. Se movió
lo justo para situar el carro sobre el fuego. Los muchachetes
observaron desperanzados cómo el carro se empapaba de fuego
y se quemaba de arriba abajo.
El asno seguía sin moverse.
El asno ganó.
La obstinación gana. Siempre.
Se sale con la suya.
Un espíritu cerril es incurable.
El único remedio es la sangre del cordero.
O la muerte...
Si no había sacrificio de sangre de cordero, la ley de Dios
requería entonces que el cuello del asno había de ser roto, y eso
significaba... muerte.
Y si no lo redimieres,
quebrarás su cerviz.
El cuello enquilosado siempre habla de obstinación,
una actitud de sentar tus cuartos y rehusar a moverte un sólo
milímetro, sin importar la presión ejercida.
Salirte con la tuya, aunque te cueste... todo.
***
Ismael el Asno
El angel del Señor (una apariencia de Cristo en el Antiguo Testamento)
dijo a Hagar en el desierto en cuanto a su hijo, Ismael,
Gén 16:12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y
la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos
(ante el rostro, o en desafío) habitará.
Este es el retrato por excelencia del asno.
Ismael nació esclavo de la mentalidad del burro, heredero de la
deliberada insistencia de Abraham de ejecutar la promesa de
Dios aparte de la voluntad de Dios y sin el poder de Dios.
Aun su persistencia de hacerlo posible para Dios
era de hecho un desafío.
Ese hijo de independencia no podría ser otra cosa más que un
asno salvaje, y hasta el día de hoy Ismael todavía vive en una
insana hostilidad hacia su hermano, Isaac.
Un salvaje asno de hombre, sin ningún
sacrificio de sangre de Cordero, es un ser peligroso.
Incontrolable.
A un asno salvaje no se le retiene.
Satanás envía cadenas de esclavitud,
pero Dios envía cuerdas de amor.
Tenemos que ser seres en lazo,
pero la “gente-asno” no será retenida.
No renunciarán a su “preciosa” independencia,
ilusa rebelión de libertad.
Prov. 26:3 El látigo para el caballo, el cabestro para el asno...
Un caballo puede conducirse con un látigo,
pero un asno ha de ser embridado.
Un asno sigue su pensar obstinado y egoísta,
por lo que su cabeza ha de ser enjaezada,
ha de ser obligada a girar.
***
La Nación Hebrea
Israel fue derrotado en el desierto...
desde dentro, por su propia obstinación.
No por los numerosos enemigos
que les plantaron batalla.
No. Se adentraron en los desérticos sepulcros
para no entrar en la tierra, debido sencillamente a
la terca naturaleza interior a la que se ensillaron.
Israel fue destruido en Canaan –desde dentro–
por su propia obstinación que terminó en idolatría.
El juicio de Dios requirió ser capturados a manos
de Babilonia.
El asno será embridado.
Desde dentro o desde fuera.
“Israel en el desierto” estaba insatisfecho pero
“Israel en Canaan” desplazó y sustituyó a Israel por un ídolo.
El Señor le habló a Moisés acerca de la nación Hebrea:
Ex 32:9 Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo,
que por cierto es pueblo de dura cerviz.
Toda la nación –excepto dos hombres– perecieron en el desierto, sus cervices
al fin quebradas pero sólo por el sepulcro.
El Señor habló a Jeremías... acerca de Israel:
Jer 17:23 Pero ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, sino
endurecieron su cerviz para no oír, ni recibir corrección.
Israel fue llevado a Babilonia esclavo.
Pero su tierra y su santo templo fueron destruidos por el fuego,
el juicio de Dios sobre su obstinada y agarrotada naturaleza.
Una naturaleza que no escuchará ni tomará corrección.
Muerte en el desierto...
sin haber alcanzado hogar jamás.
Esclavitud en una tierra cruel... la pérdida del hogar que habías obtenido.
Tal es el fruto de la obstinación.
Y al final, esa intratable obstinación
te ciega a la presencia del Cordero en tu propio medio,
el Cordero cuya sangre es el antiguo remedio
para la obstinación...
***
Abraham Montó un Asno
Al responder a la llamada de Dios,
Abraham montó a un asno e hizo viaje al Monte de Moriah
para el más costoso sacrificio...
la deliberada ofrenda de un único niño amado.
Muchacho de Promesa.
Abraham oyó este mandato...
en absoluta oposición a la naturaleza de Dios
y a Su juramento.
Un Mandato Divino, no obstante..
Viaje de tres días sobre el lomo de un asno que fue el proceso de
quebrar su voluntad hasta la muerte de sus sueños e incluso de la
promesa misma de Dios.
Montando el asno, Abraham embridó esa resuelta naturaleza de
la humanidad, el poder para dirigir la rienda de la extraña
voluntad de Dios.
La obstinación de resistir a Dios,
la convirtió en un poder
de inflexible obediencia.
Abandonó al asno conquistado en la base de la montaña y escaló
como un hombre totalmente rendido, libre de toda resistencia
(dada la fe) para subir a “adorar”, alguien que podía dejar la
promesa por entero en el seno de Dios sin oposición alguna a Su voluntad.
Y Abraham obedeció con determinación.
Se impuso a su innata obstinación contra Dios,
la cual embridó para servir
al Mortífero Propósito del Padre.
***
José Usó el Asno
José ocultó su copa de plata en el zurrón del asno.
¿Por qué ahí?
Porque sus hermanos eran tercos.
Eran asnos. Su padre, Jacob, llamó a Isacar un asno.
Genesis 49:14 Isacar, asno fuerte que se recuesta entre los apriscos.
Se habían resistido a la unción de Dios de José.
Tenían que ser quebrados de su burrez antes de que José pudiera
bendecirles con el fruto de su propia rendición.
En el Egipto de la esclavitud, José había sido aniquilado y se
había quebrado su inherente resistencia a Dios.
Había trabajado en secreto para romper su desafío natural
al plan de Dios, hasta que pudiera saber
en todo su apaleado corazón que,
“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.”
Esa es la destrucción de la obstinación.
***
Saul y los Caminos del Asno
El rey Saul es un impactante
retrato de obstinación... y de su fin.
Saul no quería la voluntad de Dios.
Quería que Dios aprobara su propia voluntad...
y cualquier cosa que Saul deseara, creía que era la voluntad de Dios.
Esto es... obstinación.
Leyendo: 1 Samuel 13:15
Cuando miles de Filisteos estaban acampados contra Israel,
Samuel bajaba desde Gilgal para ofrecer sacrificios al Señor.
Saul y la muchedumbre atemorizada se juntó allí en espera.
Como Samuel no todavía había llegado en el día séptimo, Saul
mismo hizo el sacrificio, aunque no era sacerdote.
Saul fabricó una explicación que le satisfizo.
Una que justificaba perfectamente su presunción.
¿Cómo no habría podía Samuel –y Dios– entender la razón?
Vi que el pueblo se me estaba esparciendo, y que tú no venías
en los días señalados, y que los Filisteos se estaban
agrupando... Así que me obligué y ofrecí un holocausto.
Una excusa en tres partes,
echando la culpa a todo
–al pueblo, Samuel y los Filisteos–
todo excepto a sí mismo,
a quien atribuyó la hazaña de la desobediencia
como un acto noble y de sacrificio personal.
Por no esperar 3 horas más, Saul perdió su reino.
Según cómo Dios ve los asuntos terrenales,
la desobediencia es más mortífera
que miles de guerreros Filisteos.
Un Señor Soberano los podía haber encauzado facilmente con
un terremoto (1 Sam 14:15)
pero no se tragaría un hábil pretexto para la
violación de Su santo sacerdocio.
Samuel dijo “Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se
ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová
ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por
cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.”
(1 Sam 13:14)
Ni en Saul ni en sus caminos hubo ningún cambio.
La pérdida de su lugar y de su trono no
le desgajó de su curso.
Los asnos tienen cráneos muy duros
y aunque sean golpeados
en la cabeza con un mazo,
a duras penas lo sienten.
Samuel trajo sobre Saul el vetusto orden de Dios (Deut 25:17-19).
Por la crueldad que mostró con Israel en el pasado, cuando
cruzaban el desierto, Dios había pedido la completa destrucción de Amalec,
Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te
apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de
pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
(1 Sam 15:3)
Saul, que creía que sus propias ideas eran mejores que las de
Dios, absolvió al rey y a lo mejor de los animales.
Tan agradado estaba Saul con su forma independiente de
manejar a Amalec, que antes de que Samuel llegara había
“Levantado un monumento para sí mismo.”
Y en la confianza de un descaro fuera de lo común,
se atrevió a encontrarse con Samuel de este talante:
¡Bendito eres del Señor!
He cumplido el mandato del Señor.
Una vez más acusó al pueblo. De nuevo le dio un giro noble.
Una razón religiosa para justificar una desobediencia directa,
disfrazando su agenda de negocios como un beneficio para Dios.
Lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a
Jehová tu Dios.
(1 Sam 15:15)
El hombre necesitaba aprender modales con Dios y Samuel se los dio:
El obedecer es mejor que los sacrificios,
y el prestar atención que la grosura de los carneros.
Porque como pecado de adivinación es la rebelión,
y como ídolos e idolatría la obstinación.
(1 Sam 15:22)
Rebelión es presumir una acción que Dios no ha originado.
(Servir como sacerdote cuando no lo eres.)
Pero la obstinación es seguir por la tiesa senda de tu tenacidad...
incluso después de ser corregido... ¡por DIOS!
Saul perdió el trono cuando saqueó el lugar de Samuel,
pero cuando fue más sabio que Dios perdió a Dios.
(1 Sam 16:14) El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le
atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.
***
Balaam y el Asno
El hombre que no deja que Dios le gobierne es puesto bajo el
asno que sí lo hace.
Dios es tan Dios que no hay persona que le pueda frustrar...
nadie le toma el pelo y
nadie puede utilizarle.
Balaam es un nombre que representa codicia... y eso
representará por las eras de la eternidad.
La vergonzosa corrupción de un llamado puro.
El rey de los Moabitas quería pagar a Balaam para maldecir a un
Israel protegido. Y pagaría bien para asegurar esa maldición.
Como profeta válido que era, Balaam preguntó a Dios.
La respuesta fue “no”, clara e inequívoca.
Así pues el rey elevó el precio. Balaam preguntó de nuevo y la
respuesta parecía haber cambiado a un “sí”.
Cuando le pides a Dios una segunda vez significa que quieres
algo que no es Su voluntad.
Y a menudo el Señor Soberano
te desembridará.
Y tendrás que caminarlo por ti mismo.
Es un asunto que anida en tu corazón,
así que tienes que ver su triste desenlace.
“Si no es Su voluntad, que al menos sea con Su permiso.”
No obstante, no yerres:
Su voluntad prevalecerá... contigo o sin ti.
Así pues, el asno de Balaam le corrigió.
La lujuria de Balaam de seguir adelante era tal que no se percató
de que su orgullo acababa de ser insultado mediante el uso del
más estúpido y simplón de los animales.
Balaam anhelaba una espada para matar al animal
que se atrevía a detener su próspera aventura.
Leyendo: Números 22
¡La burrez de Balaam era mayor que la del asno que tenía
suficiente sentido común como para atemorizarse de un Ser
Divino con una gran espada!
El Ángel del Señor hostigó a la asna hasta que
no hubo lugar para escapar y
ésta se desplomó bajo su maestro.
Cuando Dios usa a un asno para hablarte
significa que tú
eres menos dócil que él.
Cuando a Balaam se le permitió ver al Oponente Celestial
“que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano,
Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro.”
Al fin.
Y el Ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna
estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu
camino es perverso delante de mí.
Este “Ángel de Jehová” probablemente fuera una aparición de Cristo.
Nuestro Dios es más fuerte que nuestras más provocadoras
fuerzas, más resuelto que la más obstinada de nuestras voluntades.
Y... al final, cualquier disputa Él la ganará.
***
Un Rey sobre un Asno
Alégrate mucho, hija de Sion;
da voces de júbilo, hija de Jerusalén;
he aquí tu rey vendrá a ti,
justo (sin acepción de persona) y salvador (triunfante
y victorioso), humilde, y cabalgando sobre un asno,
sobre un pollino hijo de asna.
Zacarías 9:9
Su marcha sobre Jersusalén
tenía que ver con Su identidad,
al fin revelada a todos.
Jesús les había pedido a los discípulos que le dijeran quién creían que Él era.
Primero respondieron con las ideas de la época, “Elías”, “Juan”...
pero Jesús insistió en su respuesta personal.
¿Quién decís VOSOTROS que soy?
Pedro fue el valiente que habló.
Pedro sabía la identidad de Jesús, no una conjetura,
sino un perfecto desvelar de este Hombre Único
–diferente del resto de los hombres–
al haber revelado el Padre a Su Hijo al corazón de
un hombre común, y hasta Él mismo quedó asombrado.
“Eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.”
Desde este momento, desde esta revelación Jesús empezó a
preparar a Sus discípulos para Su muerte, y se volvió hacia
Jerusalén a Su destino final. Había uno que sabía y que lo declaró.
Jesús fue conocido como Mesías, y así ahora podía morir como Dios.
(Mateo 16:21)
Mediante parábola, mediante milagro, Jesús transitó Su senda
hacia lo inevitable... Se detuvo a las afueras de Jerusalén
allegándose a Betfagé y Betania en el Monte de los Olivos.
Permaneció aquí en el pueblecito de Betania con Lázaro
y sus hermanas. Fue entonces que Cristo fue ungido con el costoso
perfume de María, justo el día antes de Su Entrada Triunfal en Jerusalén...
Allí envió a dos discípulos a la villa de Betfagé.
Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis
una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.
Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita;
y luego los enviará.
Aquí Mateo (21:4,5) menciona la profecía de Zacarías.
Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho
por el profeta, cuando dijo:
“Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso,
y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga.”
Cuatrocientos años antes del tiempo de Cristo, Zacarías
contempló la escena. El Rey, Mesías y Salvador, en una
mansedumbre desconocida para los reyes humanos, sentado
sobre una simple y vulgar bestia de carga.
Este Zacarías vio... y comprendió
la humildad que ya insinuaba.
No era el carro espléndido del típico conquistador.
No era el camello enjaezado con adornos colgantes.
No era el semental de encabriolado vigor.
Este rey, este Eterno Monarca, se unió a Sí Mismo al
más común de los hombres, a la más humilde de las humanidades.
Su elección del asno hablaba de muchas cosas.
Por la humilde quietud de Su presencia comandante,
Jesús domesticó a un pollino salvaje nunca antes montado.
Un pollino sin domar, que no era puro, sino obstinado en su origen anárquico.
No era pequeña proeza.
De hecho un milagro, oscuro, pero cargado de significado.
Los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y
trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos;
y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa,
tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas
de los árboles, y las tendían en el camino.
(Mateo 21:7, 8)
Los tres años de Sus impactantes palabras y hechos habían traído
una fama que convencía a la multitud de que Él era... un Rey.
Como REY entró Jesús en Jerusalén.
Y la bienvenida que recibió era la de
un Rey Conquistador.
Los ropajes, las cubiertas de nuestra vergüenza ante Dios,
disimulaban nuestras carencias. No eran éstas necesarias en la
presencia de un Rey Humilde, hombre y Dios en uno.
Así que la humanidad se despojó de sus fachadas, llevadas
puestas desde los días de la desgracia del Edén, y las arrojó
a los pies del Rey que acogía.
Aún las ramas de la naturaleza se inclinaban ante Él,
hacían una alfombra en Su honor.
La humanidad inclinada en reverencia, el asno inclinado en reverencia,
la naturaleza inclinada en reverencia.
El Rey de Gloria estaba desfilando, ¡entrando!
Montó sobre una alfombra de homenaje de rey, tendida
por multitudes de súbditos dispuestos, borrachos con la excitación
del reconocimiento de sus almas al Rey-Salvador.
Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo:
¡Hosanna (oh, sé propicio, sé en gracia favorable) al Hijo de David (el Mesías)!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Hosanna (Oh, sé a nuestro favor) en las alturas!
(Mateo 21:9)
Muchedumbres de gentes le acogieron como Rey,
lo vislumbraron como Mesías, prometido y esperado,
llegando aquí a lomos del hijo de un asno, justo como Zacarías
lo había visionado y como Él había dejado escrito en textos
con los que estaban familiarizados...
Al fin Jesús expuso Su identidad.
Su esconderse había acabado.
Sus ruegos por el secretismo llegaban a un fin.
Su declaración pública había sido hecha y el pueblo, como una
ciudad con una sola voz, entendió que Él era Mesías y Rey.
Le trataron como a tal con una alfombra real de su hechura,
en actitud de sacrificio.
Clamaron a gran voz engrandeciendo ovación a Su nombre
y “toda la ciudad se conmovió.”
El Dios Rey de Todos los Reyes estaba marchando hacia la
ciudad de Su martirio.
Y dado que el pueblo reconoció Su Realeza
y le ofreció homenaje, honor y aclamado vítore,
tres días después, horriblemente y sin excusa…
exigió Su muerte.
***
Bestia de Carga
El asno, vetusta bestia de carga.
Vulgar animal de bultos,
a cuestas con las mercaderías del hombre.
Asnos nos hemos hecho a nosotros mismos,
soportando cargas de pesado pecado,
nuestro propio cargamento añadido a las pilas dispuestas sobre
nosotros por aquellos que no llevan la suya.
Con “asno-obstinación”, llegamos a defender aún la carga
para enmendar la carga.
Cargados de pecado, pagaremos por el pecado y así mismo
soportaremos el daño.
Pecado de arrogancia propia añadida al pecado de la ruina propia.
Costales de doble saca. Pesados por ambos lados.
Los asnos se las apañan. Pueden sobrevivir en cualquier desierto.
Creemos que somos asnos, resistentes, fuertes, independientes.
Admiramos nuestra burrez y la llamamos fuerza.
Pero nuestro creador, quien nos soñó, nos llama ovejas.
Los débiles son ovejas, sin fuerza para soportar tensiones y pesos.
Las ovejas se hundirían bajo las cargas.
No se las pueden embridar para tirar,
no pueden soportar un cargamento de mercancías,
ni una silla de montar para el hombre.
¿Quieres ser libre de dobles cargas?
¿De pecado y Esfuerzo?
Entonces sé oveja. Eres oveja.
Sé lo que eres.
Eres incapaz de llevarte a ti mismo ni a nadie más.
Somos una idea de la Imaginación Divina y
Él, quien nos hizo oveja, nos hizo débiles...
para necesitarle.
Él, el Brillante Conquistador, domó
al asno salvaje de nuestra independencia
y Él Mismo suplantó la carga a nuestro lomo.
Se rebajó a Sí Mismo al nivel de nuestra humanidad abyecta,
una humildad, una humillación que no podemos imaginar.
Nuestro orgullo primario sencillamente no puede comprender la
misericordiosa condescendencia del Dios de Todo...
Él, que pertenece a lo Alto, se encorva a lo profundamente Bajo
para dejarnos ser el vehículo de Su Vida Sagrada,
el transporte de Su Propio Ser.
La burrez de nuestra rebuzna rebelión ha sido
domada por el Amor.
Y somos libres para ser “ovejas-exentas-de-carga”, cuyo
cargamento se tiende sobre Aquel que lo llevó al Madero.
Ambas cargas, la del pecado y la del esfuerzo.
Y en el gozo de una Vida Triunfante, le llevamos a Él como
rebeldes conquistados, llevando con gozo Su yugo fácil de una
carga ligera a todo un mundo de asnos.
Y CIERTAMENTE nos regocijamos
como Hijas de Sión.
Nuestro Rey ha llegado,
humilde montado sobre un asno,
el hijo de una bestia de carga.
Soy un asno... ¿lo entiendes?
¡¡Yo soy el asno!! conquistado, domado, obediente...
transformado en ese otro tipo de
ser, la oveja que soy.
¡Parte de la Triunfante Procesión del Rey de Reyes!
El asno le llevo a Él –sólo a Él– no al pecado,
no al esfuerzo.
Le llevo este Asno Mundo,
reconociéndole como Rey y Conquistador.
MI Rey y MI Conquistador.
Más tarde montará Él sobre el Llameante semental blanco de
Terrible Poder y entonces le veréis.
Por ahora Su única vasija de entrada
es por medio de un asno hecho oveja.
¿Te ha mandado llamar para que seas desatado y así pueda Él
cabalgar sobre ti en el mundo?
¿Ha domado Él tu obstinación salvaje?
Puedes pertenecer a otros, pero basta con escuchar:
“El Señor tiene necesidad de ti.”
Copyright © 2000 Martha Blaney Kilpatrick
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