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“For the very reason of our self-exaltation, faith cannot operate without the Love of Abba Father.” — Martha Kilpatrick (Finding Faith)

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Estos artículos han sido traducidos al español para tu edificación por otros santos del Cuerpo de Cristo, hambrientos y sedientos por conocer a Cristo. Han sido extraidos de las diferentes secciones de nuestra web, como quien extrae un tesoro para asistirte en tu viaje. Esperamos llenos de fervor que te estimulen, que toquen tu espíritu y que aviven aún más las llamas de tu amor hacia nuestro Salvador Jesucristo. ¡Dios te bendiga! ¡Disfrútalo!

CONSIDERAD LOS LIRIOS

Author: Martha Kilpatrick  24 May 2008

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Feb. 24, 1993 Dijo Dios, “considerad los lirios” Mt 6:28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria (excelencia, dignidad y gracia) se vistió así como uno de ellos. “No trabajan ni hilan.” Estaba muy inquieta. Una nueva verdad, una nueva aventura. Estaba contenta de obedecerle. Así que traté muy conscientemente de no hilar ni trabajar. Intentaba descansar con ahínco (¿lo captas?). Intentas desesperadamente estar tranquila y aún sigues desesperada. ... read remainder of article

Feb. 24, 1993

Dijo Dios, “considerad los lirios”
Mt 6:28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria (excelencia, dignidad y gracia) se vistió así como uno de ellos.

“No trabajan ni hilan.”

Estaba muy inquieta. Una nueva verdad, una nueva aventura.
Estaba contenta de obedecerle. Así que traté muy
conscientemente de no hilar ni trabajar. Intentaba descansar
con ahínco (¿lo captas?). Intentas desesperadamente estar tranquila y aún sigues desesperada. Es una contradicción entre dos términos.
Así que dijo el Señor, “No te llamé a ser un lirio. Te llamé a ‘considerar el lirio’”.

“Ah”, dije yo, “ahora lo entiendo”.

Por lo tanto saqué mis libros para estudiar el lirio.
Entender el lirio, esa era mi asignatura.
Conquistaré ese lirio. ¡Sí, Señor!
Así que escudriñé, ‘lirio’ en la Palabra.
Le eché un vistazo a los lirios de Tierra Santa;
hice una lista de sus atributos.
Estaba progresando.
Tenía que hallar el secreto del LIRIO.
Colocar en la mesa mis descubrimientos y ponerlos en orden.
Ah... era capaz de hacerlo en base a un estudio diligente.
Pero ahí no había nada.
‘Amontoné mucho pero tenía poco.’

Pero el Señor dijo,
“No te llamé a estudiar el lirio.
Te llamé a que considerases el lirio.”

Mis creencias quedaban al descubierto.

El primer credo
La realidad (creía yo) provenía de la ‘mímica’.
La obediencia es: miras a Jesús y haces lo mismo.
Calco y fotocopia.
El problema es que no puedes copiar lo que no eres.
Es como vestirse con traje de león y perfeccionar tu rugido.
Puedes parecerte a un león, puede que incluso suenes como un león,
pero TODO EL MUNDO sabe que NO ERES un león y que estás haciendo
un ridículo espantoso.
Tu intento se ha convertido en una pretensión necia.
Lo saben.
Si crees que puedes ser un león por mucho ensayarlo, te tendrán
por un necio digno de lástima.

Creer que puedes ser lo que Dios te exige ser a base de fotocopia
es como poco fantasía, a lo sumo esquizofrenia.

El segundo credo
Si lo entiendes, ya lo controlas.
Lo has conseguido. Eso es tan sólo otra forma de fingir.
Puedo explicar el león. Ostenta este o aquel rasgo.
Como puedo explicar al león, soy un león.
Esto es aún más necio que ponerse un disfraz.
El carácter de Dios que mora en lo interior no se gana por control,
sino por una rendición que proviene de tu propia miseria.
No sabía lo que era el lirio.
No sabía nada del lirio.
Y Dios me avergonzaba obligándome a admitirlo.

Así que puse en mi corazón al lirio ante mí
–con sencillez y quietud–
para mirarlo y escucharlo.
Me rendí al lirio.
No iba a controlarlo ni a plagiarlo.
“Cuéntame tus secretos. Yo te espero...”

Dios nunca te da explicaciones.
Te da vida. Y en el remolino de la vida,
fuerza las preguntas que Él desea contestar.
Cuando Él sopla vida en la Escritura
ésta se convierte en Palabra
y en algo vivo.
No puedes controlar la Palabra.
La Palabra de Dios tiene que tomar control de ti.
Dice,“la Palabra de Dios probó a José.”
La Palabra de Dios empezó a ‘probarme’ a mí.
Y el lirio entró en mi vida.
No era tanto que memoricé lo que la Escritura
decía del lirio, aunque lo hice.
Era que la Palabra entró en mi conciencia y
se convirtió en algo que estaba vivo.

El Lirio estaba allí.
De alguna forma todas las cosas estaban bajo la inspección del Lirio y
se situaban frente al Lirio para ser sopesadas.

Aquello que fuera el Lirio, el principio que representaba,
había llegado a mi percepción.
El Lirio estaba allí...
y el Lirio era inmenso y magnífico...
y el Lirio no se doblegaba.

A medida que los meses pasaban era como si la más sencilla,
la más exquisita presencia de belleza y de paz estuviera delante de mí,
siempre ahí, pero siempre muda.

Y siempre fuera de mí.

Una pequeña paz había sido mía, una medida de descanso donde
había estado contenta. Ahora el Lirio me mostraba una paz absoluta,
el poder de una quietud verdadera. Y pensé que el
Lirio me impartiría esta paz, esta gran paz.

Pero en vez de eso, el Lirio me angustió donde había estado contenta.

Se burló de mí con un mundo de tranquilidad al que no podía
acceder, y no me ofrecía una salida, ni pista alguna de cómo entrar.
Mi pequeña paz se convirtió en un andrajo, algo miserable.

Ya no era suficiente.

El Lirio me había hecho ver... pero al ver todo lo demás, en vez
de mayor quietud, menor descanso disfrutaba.
La presencia del Lirio era un espejo en el que
era expuesta torpe, y mi vida, un caos.

Pero el Lirio no me consoló,
ni el Lirio me instruyó.
Mi vida empezó a desgarrarse por un desnudo contraste
ante la quieta calma del Lirio, y poco a poco me hice eco de la
preocupación y de la confusión,
de la complejidad de mi vida
y mi visión de ella.

Era feliz antes del lirio.
La vida era dura y eso lo había aceptado.
Estaba en paz antes de que llegara el Lirio.

Ahora, al mirar fijamente el rostro mismo de la Paz, mi falta de
paz quedó expuesta.
No a otros. Esto era interior, todo era privado.
No me preocupaba la marcha de este asunto en los demás.
Yo fui expuesta ante Dios y ante mí misma.
No estaba donde podía estar.
Y no podía ir donde debía ir.

Esta era otra esfera de Dios
–una que me era desconocida–
y que ciertamente no había yo tocado.
Y mi vida, con la que había estado bastante contenta
por haber visto mucho de Dios,
se hizo algo –no sólo inaceptable– sino insoportable.

Poco a poco me puse al día en cuanto a la identidad del Lirio.
El Lirio representaba la tranquilidad, el descanso.
Descanso en Dios. Eso lo sabía.
Pero estaba fuera de mí, y aunque podía empezar a intuirlo,
no podía hacer que entrara en mis entrañas.

Esperaba que esa gran paz me fuera impartida.
No lo fue.

Como segunda esperanza había asumido que me sería dado
el secreto para obtener esa paz.
No me fue dado.

Empecé a mirar con malos ojos al Lirio.
“Simple”, clamaba, “¡tiene que ser algo simple!”
De alguna manera tenía que poseer la paz del Lirio.
Permanecía ante mí, pero no se iba a rendir a mí.
Lo veía, pero no podía alcanzarle ni entenderle.
Y no me decía nada.
Sólo me hacía VER.
Parecía observar mi golpear, mis manos retorcidas, y tan sólo esperaba...

Midió mi rendimiento bajo todas las tensiones disponibles
y me halló deficiente.
Me juzgó con una condenación pertinaz.
Era una espina clavada en mi normalidad.
Nunca podría agradarle ni alcanzarle.
Esa terrible tranquilidad constante. Me atormentaba.

Empecé a odiar al lirio.
Como me había recreado en el estudio del lirio,
los amigos preguntaban,
“¿Qué estás aprendiendo del lirio?”
“¡A mí no me habléis del lirio!”,
contestaba con brusquedad.
Había dado por sentado que el Lirio vendría a apoyarme.
Y estaba errada.
El Lirio no era amigo para mi inquietud, ni socorro para mi demencia.

Con el tiempo la visión del lirio se desvanecía.
Transcurrieron varios años.
Grandes tormentas llenaron mi vida, como dijo Pablo,
“De fuera, conflictos; de dentro, temores.”
Rechazo, palabras atormentadoras, calumnias, malentendidos, maldad...
todo esto era una gran ventisca en mi contra.
Mi caos interno bullía con culpa, fracaso, inutilidad,
amargura, acusación a Dios...
Me hubiera encantado tener tan sólo esa pequeña medida de paz otra vez,
pero aún ella me rehuía.

Al fin dejé de orar pidiendo soluciones.
“Sólo paz, Señor. Sólo quiero paz.”

Ya hacía tiempo que había desestimado el lirio.
Me había cansado de su molesta presencia.
No tenía posibilidades. No podía hacerlo.
Lo dejé por imposible.

Pero en ese mismo lugar al fin palpé al Lirio.
El Lirio, en secreto, me había obligado a entrar... en el secreto.
Al renunciar pude ser controlada.
Al dejar de intentarlo pude ser rescatada,
y al no poseer nada pude recibir.

Con el paso del tiempo, había aprendido que...
 
No puedo salvar
No sé
No tengo
No puedo ser
No puedo hacer
No puedo conseguir
No puedo esperar
No puedo solucionar
No puedo entender

Ni siquiera puedo creer.
Ahora sabía por qué el Lirio había estado fuera de mi alcance.
Quería añadirle al Lirio los tesoros de mi fe.
De mi conocimiento.
De los dones del Espíritu.
De mis fuerzas.
Pero el Lirio no quería saber nada.

Él habría de ser el ÚNICO principio o no habría de ser nada de nada.
Por eso el Lirio no crece en lugares concurridos.
Crece en tierra santa en desiertos remotos, estériles,
desconocidos por casi todos.
Le gusta el lugar de la pobreza.
Y el Lirio me rechazó porque poseía demasiado.
Tenía que perder mucho para hacer espacio
a la simplicidad que es el Lirio.

“El Lirio ni trabaja...”
La maldición del jardín sobre Adán recaía en su trabajo.
Dios es el trabajador, Cristo es el trabajador.

Salmos 127: Si el Señor no construyese la casa...
No puedo hacer el trabajo, pero creo que sí puedo.
O al menos creo que debería hacerlo.
Tengo que fracasar para conocer al Lirio.
Fracasar por completo.
Tengo que aceptar ese fracaso para ser poseído por la paz del Lirio.
Muchos fracasan pero no aceptan ese fracaso.
Se rinden y se marchan.
“La vida cristiana no funciona.”
O se desesperan y se sientan respirando el polvo del camino.
El Lirio no lo intenta.
Es.
Es y permanece donde está.
Si llueve, se moja.
Si el sol brilla está tibio.
Es lo que es.
Es él mismo doquiera que esté.

Existe... con los adornos que Dios le da.
No hay más adorno.
Sin pretensiones, sin esfuerzos, tan sólo es.

A lo mejor piensas que es estúpido y necio.
Pero es muy difícil hallar a alguien que es.
Que sea lo suficientemente honesto, lo suficientemente libre
para tan sólo ser.
Es la cosa más difícil del mundo ser tan simple.
Es devastador para el ego, muerte para la ambición.
Tienes que naufragar antes de ser, y saber que eso basta.
Basta con ser.
Solamente ser lo que Dios quiere que hoy seas.
El lirio de este pasaje es una flor pequeña y común que crece en
las áreas desiertas de la Tierra Santa.  No es la flor resbaladiza y
cérea que conocemos en América.
Una flor corriente.
Bonita, rara... pero una flor cualquiera.
Siempre necesitamos ser algo –algo especial–
algo “mejor que”.
¿Es que no podemos ser corrientes?
¿Es que no podemos ser lo que somos... y dejar que su magnificencia brille sobre nosotros?
“Tenemos este tesoro en vasos de barro.”
El lirio es una simple vasija terrenal.
Es Dios quien le otorga esplendor.

También el lirio está supeditado.
Dios le tiene que dar todo
para mantener al lirio con vida.
Porque el lirio no puede alimentarse a sí mismo.
El lirio, pues vive al recibir de Dios,
sólo se viste como Dios le viste.
Tan glorioso como Salomón, el rey más espléndido que jamás
existió en la historia.
En su simplicidad, en su oscuridad (pues pocos le valoran) se le
provee de un talante digno de realeza.

Lo que gane para mí misma puede que sea muy bueno;
aquello por lo que trabajo puede que sea magnífico;
pero lo que Dios me da sin mi propia contribución
es de un esplendor real sin parangón.
Muy lejos de mi alcance.
De lo cual no he de ser digno.
Una belleza otorgada. Un regalo entregado.

La paz os dejo.
“Mi paz os dejo. No como el mundo la da, yo os la entrego.”

Nuestro problema no es que no tengamos paz.
Es que no podemos aceptar la paz como un simple regalo.
Tengo que ser empobrecido lo suficiente como para ser humilde.
Tengo que ser hecho lo bastante humilde como para pedir limosna.
“Dios, dame paz.”
No puedo ‘hallarla’ ni puedo ‘hacerla’, ni puedo ‘ganármela’.
Únicamente puedo recibirla.

Heb 4:9 Queda un reposo para el pueblo de Dios.
Porque el que ha entrado en su reposo,
también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.

Procuremos, pues, entrar en aquel reposo...


Yo tenía muchas opiniones
en cuanto al significado del Lirio
pero al final sé que el descanso proviene de la fe.
Por tanto el Lirio representa la fe, y no tanto el descanso.
El descanso es un resultado.
La quietud es la evidencia...
La fe es el porqué.
La fe es el principio.
Fe de que Dios es el YO SOY.

Como joven aprendiz de la fe sabes
Que Dios lo hará... si yo lo hago
Que Dios lo hace... sólo si yo puedo.
Que Dios podría... sólo si yo lo hago.
Los gritones de la fe y los porfiadores dicen, “Dios lo hará... como yo digo.”
Los evangélicos dicen acerca de la fe:
“La Palabra de Dios lo dice, pero no te puedo explicar por qué no funciona.”
Yo he estado en ambos campamentos.
La verdadera fe es esta:

Dios lo hizo. Consumado es.

El trabajo está hecho.
Mi parte es averigüar qué trabajo ha sido realizado y recibirlo.
La parte que le toca a Dios es reducirme hasta poder llegar ahí.
Protestaré que es injusto que destruya mi fe en el hombre.
Rechinaré y le acusaré si tan siquiera pone un dedo sobre la fe
que tengo en mí mismo.
Mi fe en todo lo demás ha de ser cruelmente asesinada.
El Lirio no había venido en mi auxilio.
El Lirio había venido para destruir todo lo que no era ‘Lirio’ en mi interior.
El Lirio trajo consigo vergüenza y naufragio, destrucción a mis seguridades.

Roy Hession dice,
“El avivamiento no vuela la tapa por los aires. Es el desagüe lo que se destapa.”

El tapón del desagüe se desprende bajo tus pies y todo lo que
creías que era dura roca sólo se desvela como un peligro mortal de arena.
Y no te van a sacar de ella.
Te vas a hundir más y más hasta que seas destruido, destruido totalmente.

El Lirio pertenece a la orilla de la resurrección de las dos playas de la vida.
El Lirio llega después de la muerte.
No es una casualidad que en Semana Santa se vean lirios blancos.

Salmo 149: 4,5,6
Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo;
Hermoseará a los humildes con la salvación.
Regocíjense los santos por su gloria (que Dios les confiere)
Y canten aun sobre sus camas.
Exalten a Dios con sus gargantas,
Y espadas de dos filos en sus manos...

Creo que el único dolor válido es el dolor de morir a uno mismo.
Renunciar a la vida de tu alma, morir a tus derechos y deseos.
Este es un dolor insoportable. Es la agonía del Getsemaní y para
ello existe el ministerio de los ángeles ascendiendo y descendiendo.
Cualquier otro dolor tiene poca o ninguna validez.

Alguien me dijo “He sufrido tanto dolor en mi vida que nadie reconoce...”
Y dije, “Lo entiendo. Yo también lo he sufrido;
Pero en mi vida me es vergonzoso admitir que la vasta mayoría
de mi dolor era el dolor de la rebelión o de los derechos, el dolor
del pecado que no gana simpatías para con Dios.”

Debemos ser vaciados para poder recibir.
Debemos ser empobrecidos para poder tener riqueza.
Debemos ser desnudados para poder ser vestidos.
Y debemos ser reducidos antes de poder ser expandidos.

Mateo 6:30
Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el
horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros,
hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué
comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
Porque los gentiles (paganos) buscan todas estas cosas; pero
vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
Mas buscad (encaminaros a y luchar por) primeramente el reino
de Dios y su justicia, (su forma de hacer las cosas y de ser justo)
y todas estas cosas os serán añadidas.
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de
mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Que nos vistan. Necesitamos la ropa... pero es mucho más que vestiduras.
Es la cubierta de la vergüenza de nuestro pecado, la provisión de
la vida misma de Cristo para cubrir nuestra inepta humanidad.

“Ser revestidos de Cristo”, no intentar ser COMO Él...
ese es el Lirio.

No voy a “intentar ser.”
Dejaré que Él sea lo que Él quiera ser dentro de mí.
Yo no me moveré, dejaré que Él se levante dentro.
No pensaré.
Él será mi mente.
No exprimiré el amor para que salga.
Él salpicará el amor a través de mí.
“Yo no...  Él sí.”

Escribí en mi Biblia en 1986
“Yo no puedo hacerlo, Él puede.”

Creía que esa era la intuición más alta posible.
Pero en 1987 escribí, “Yo no puedo hacerlo, Él podrá”,
queriendo decir que en algún tiempo futuro, Él podrá.
Otra vez más tarde escribí, “Yo no puedo hacerlo, Él lo hace”,
quería decir presente,
Él lo está haciendo.

Pero en 1988 escribí, “No puedo serlo, Él ya lo es”,
queriendo decir que es consumado.
No ha de ser.
Ya ha sido hecho.

¡Doy un paso adelante y me introduzco en lo que está preparado
para mí y espero que mi fe y mi descanso permitan que las
promesas vivan por dentro, y por fuera, y a través de mí!

Aquí hay algunos de los escritos de Watchman NEE,
alguien que no sólo conoció al Lirio, sino que se convirtió en uno de ellos.

“Dios quiere demostrarnos que no podemos hacer nada en
absoluto, y hasta que eso sea reconocido por completo nuestra
desesperación y desilusión nunca cesarán.
Todos tenemos que llegar al punto en que digamos, ‘Señor, soy
incapaz de hacer nada para Ti, mas confío en que Tú lo harás todo en mí.’
... es Cristo el que obra en mí lo que agrada a Dios.
Cuanto antes renunciemos a intentarlo, tanto mejor, pues si
monopolizamos la tarea, no hay ya espacio para el Espíritu Santo.
Pero si decimos, ‘No lo voy a hacer; confiaré en que Tú lo hagas por mí’,
es que entonces hallaremos que un Poder más fuerte que nosotros
mismos nos está llevando adelante.”
“Hemos hablado de intentarlo y de confiar, y de la diferencia entre ambos.
Creedme, es la diferencia entre el cielo y el infierno. No es algo de lo que
uno charla como si de un pensamiento bonito se tratase; es la cruda realidad.
‘Señor, yo no puedo: así que voy a quitar mis manos; desde ahora
confiaré en ti para eso’.
Nos negamos a actuar; dependemos de Él para hacerlo, y luego
entramos plenamente y con gozo en la acción que Él inicia.
No es pasividad, es la vida más activa que existe, el confiar en el Señor
de esa forma; extrayendo la vida de Él, tomándole para que sea
nuestra vida misma; permitiéndole vivir Su vida en nosotros según
avanzamos en Su nombre.”

Ester se convirtió en un lirio.
Descansó en el consejo de sus superiores.
No buscó adornos especiales, ni adornos colgantes
cuando acudió a su rey por primera vez.
Sin pretensiones, pero también sin resistencia.
Y el rey la amó.

Pero sobre todo eso, salvó a su pueblo.

La simplicidad ha dejado de atraernos.
Pero es de su propia rareza de donde proviene su gran valor.

José se convirtió en un lirio en su injusta prisión.
Renunció a intentarlo.
Tenía las llaves de la celda.
Podía haber escapado.

Pero descansó.
Esperó y Dios le concedió belleza y poder.
Le adornó de esplendor.

David aprendió a descansar en la época en que se escondía y huía
de la ira de Saúl.
Al tratar de salvar su pellejo aprendió de su gran Rescatador,
y tuvo paz como un lirio.

Daniel vio de niño cómo su familia fue asesinada y su casa ardía.
Despojado de su hombría, llevado lejos, hecho esclavo... descansó.
Dios le adornó de sabiduría, secretos de los sueños, poder,
autoridad, influencia y visiones.
Daniel fue un gran lirio.

Pablo fue un lirio en la prisión de Roma, con cadenas, con carencias.
Se regocijó y escribió... sin quejarse, sin esfuerzo para cambiar o escapar.
Dios lo adornó a través de los siglos con un lugar especial como
escritor mismo de la Palabra de Dios.
¿Qué hubiera pasado si se hubiera amargado y hubiera rehusado
escribir a su rebaño?
Cuán bendecidos hemos sido por haber sido él un lirio.

¿Entiendes a lo que tienes que renunciar para ser un lirio?

Piensa en estas cosas...

Control
Entendimiento
Elecciones
Derechos
Logros
Buen nombre
Derechos de propiedad
Orgullo...

...el propio “Yo”.


Copyright © Martha Kilpatrick 1997

 

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