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“Your life is limited within your knowledge of God and you even become like your view of who HE is.” — Martha Kilpatrick (Manna, 1/29/03)

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Author: Varios Autores

Estos artículos han sido traducidos al español para tu edificación por otros santos del Cuerpo de Cristo, hambrientos y sedientos por conocer a Cristo. Han sido extraidos de las diferentes secciones de nuestra web, como quien extrae un tesoro para asistirte en tu viaje. Esperamos llenos de fervor que te estimulen, que toquen tu espíritu y que aviven aún más las llamas de tu amor hacia nuestro Salvador Jesucristo. ¡Dios te bendiga! ¡Disfrútalo!

JESÚS, DIVINO ENIGMA

10 August 2008

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Jesús, el Misterio. Jesús se salía completamente de lo normal. Era todo lo contrario a la naturaleza humana, un elemento extraño para cualquier alma viviente que jamás haya respirado. El Jesús de Dios es Diferente a todos nosotros. Nunca le entenderemos. Jesús es el más fascinante y chocante de todos los misterios vivientes; la más incomprensible de todas las figuras históricas y alguien cuyo impacto no ha tenido parangón. No obstante… vivió la más humilde de las vidas. El mundo entero conoce Su nombre pero sólo un extraño remanente le sigue de ... read remainder of article

Jesús, el Misterio.

Jesús se salía completamente de lo normal.
Era todo lo contrario a la naturaleza humana,
un elemento extraño para cualquier alma viviente
que jamás haya respirado.
El Jesús de Dios es Diferente a todos nosotros.
Nunca le entenderemos.

Jesús es el más fascinante y chocante
de todos los misterios vivientes;
la más incomprensible de todas las figuras históricas
y alguien cuyo impacto no ha tenido parangón.
No obstante… vivió la más humilde de las vidas.

El mundo entero conoce Su nombre pero
sólo un extraño remanente le sigue de verdad.
“Pocos son los que la hallan...”

Sin embargo…

Quiere ser conocido y busca darse a entender.
Desea compañeros a quienes pueda
contar todos Sus secretos, ¡y entregar todas Sus riquezas!

No obstante…

Al tiempo que la humanidad codicia a alguien a quien seguir,
Jesús se deshacía de los que imploraban unirse a Él.
A los que de forma directa no rechazaba, ofendía,
y éstos se marchaban por propia voluntad.
 
Se contentaba con un puñado de hombres sencillos,
de manos sucias, toscos, no religiosos.

Y...

El Hijo del Amor era descortés,
no estaba ligado a costumbres,
ni se amoldaba a norma alguna de comportamiento.
Parecía cruel en sus palabras y
lanzaba insultos al aire, que caían precisamente
sobre los más respetados por el pueblo.
Jesús era un alienígena ante la normalidad humana.
Era una paradoja viviente.

Acusó a los “justos” de abyecta maldad.
Llamaba por su verdadero nombre a los líderes religiosos.
Fue violento físicamente con las pertenencias de otros.
Y no se disculpaba.
¡Y después lo volvía a hacer!

Fue donde dijo que no iría.

En cuanto a…

…Su enseñanza, Jesús no explicaba.
Confundía.
No aclaraba las cosas… las emborronaba.
A tus preguntas respondía con las suyas.

Si acudías a Él con un dilema,
era propenso a dejarte aún más confuso.
Ofrecía austeras conclusiones, y con frecuencia
parecía desear que buscaras, en vez de que supieras.

Hacía  Sus enseñanzas opacas y
escondía su significado de modo que a las multitudes
dejaba en suspense, y aún
Sus disípulos eran incapaces de comprender Sus intenciones.

Y…

…este Hijo del hombre era un fastidio para los que dudaban de Él.
Siempre probando el bando al que pertenecían, las elecciones de su corazón.
Parecía provocar deliberadamente ese conflicto
que sacaba a relucir la verdaderas prioridades
con la clara intención de que las personas se acusaran a sí mismas.

Sin embargo...

… algunas de Sus lecciones eran diáfanas como el cristal,
sorprendentes por su claridad, brillantes por lo conciso de ellas.
Hablaba con el mínimo posible de palabras
que exigían de cualquiera toda una vida comprender.

Y a veces se negaba en rotundo a responder o
enseñar aún a los que preguntaban.

En la sinagoga era sobresaliente y lacerante...
a tal punto que provocaba la envidia de los fariseos.

No hablaba bajo demanda de nadie,
no atendía a órdenes de servicio
ni se amoldaba a horario alguno.
No atendía a invitaciones,
ni seguía directrices de nadie.
Paseaba por los campos, se sentaba después
y sencillamente empezar a hablar.

Tenías que seguirle constantemente para tenerle cerca
en el momento en que era lleno de palabra.

Por tanto...

Ciudades enteras presenciaron Sus milagros
y aún así le rechazaron.
Algunos que le conocían de oídas
recorrieron kilómetros a pie con tal de verle.
Los demonios le conocían como el Hijo de la Gloria.
La humanidad no tenía idea alguna de quién era,
le llamaron de todas las maneras que se les ocurría.
Sus propios discípulos sufrieron para poder identificarle.

Y...

Jesús no corría a utilizar Su divinidad
para ganar seguidores.
Jamás llamaba a ninguna puerta ni procuraba invitaciones especiales.
Se ocultaba una y otra vez,
y a la primera de cambio le desvelaba a algún pecador pagano Quién era Él.

No obstante...

¡Se reveló ante los apestados de la sinagoga y se negó a demostrar Su
identidad a aquellos que le estaban esperando!

Exponía esa identidad cuando más peligroso resultaba
y cuando había de suponer una muerte segura.
Jesús era más listo que los que hacían por timarle.
Se escabullía de multitudes que hoy le coronaban y mañana le apedreaban.
No podía ser apresado, etiquetado ni cercado.
Era libre de toda persona e institución.

Forzaba a salir a tus amores, lealtades y motivaciones.
Escuchaba mientras mentías,
y a continuación planteaba tus verdaderas creencias
y exponía tu carácter... ¡ante tus propias narices!.
Se sentaba cuando debería haberse movido.
Acudía allí donde de seguro moriría.

Nadie podía desviar su atención y nadie podía dirigirle.
Estaba solo en Sus propios consejos y
mantenía Su soledad en sagrado resguardo.

Jesús abandonó a su familia,
no prestó audiencia a su interferencia
ni obedeció a ninguna de sus ambiciones en relación con Él.

No obstante...

Perdonó lo imperdonable.
Se juntaba con los deshauciados.
Tocó leprosos, sanó a pecadores de las más ruines enfermedades.
Liberó a los dementes, levantó a los muertos y
elogió a un gentil por tener fe superior a la de Israel.

En nada le preocupaba su reputación,
que a menudo pisoteaba cuando se disparaba Su popularidad.
Podía escrutar en cada corazón el reino donde habitabas
y trataba contigo en función de tus más secretos motivos,
no en base a tus reivindicaciones o apariencia.

Respondía a tu corazón, no a tu charla,
y a menudo... no daba respuesta alguna.

Desinflaba adulaciones, desviaba alabanzas.
Desdeñaba a seguidores en potencia.
Despidió a muchos e ignoró a algunos de Sus mayores entusiastas.
Se movía en contradicción,
se deleitaba en la paradoja,
e hizo de Sus demandas un imposible.

Verdaderamente, Jesús es Diferente...

 

Los Discípulos que le Conocían

En aquel entonces...

Cuando los discípulos pensaban que le conocían,
Jesús se desviaba a una ruta
no transitada con anterioridad,
exponiendo misterios que nunca habían imaginado
ni hubieran podido desentrañar.

Y Él esperaba de ellos un entendimiento
del que siempre parecían incapaces.
“¿Aún no entendéis estas cosas?”

Jesús no podía ser etiquetado, encuadrado ni anticipado.
Era en extremo impredecible.
Su única consistencia era ser una perpetua sorpresa.

A día de hoy...

Si sigues a Cristo como discípulo, Él sigue siendo el mismo;
en la intimidad conocido, enigmático por definición.
Puedes conocerle en este momento dado, pero se guarda
Su mañana en el secreto de Su propio propósito.

Y si admiras junto a Él la historia y
buscas Su compañía en los lugares donde fija Su mirar, te hará entrar
en los consejos del Altísimo y compartirá secretos eternos
que podrás dar a luz.

Sin embargo...

Jesús habla en misterios y deja misterios en Su despertar.
 
Jesús esperaba que Nicodemo supiera de lo que nadie había oído.
Exigía que este Fariseo (un gobernador de los Judíos)
entendiera lo incomprensible en tanto entregaba a aquel hombre
el secreto del Nuevo Pacto. “Debes nacer de nuevo”.
Y cuando ese hombre tuvo una pregunta, Jesús le interrogó
con injuria velada respecto a su espiritualidad y liderazgo.

“¿Eres maestro de Israel y no entiendes estas cosas?”
Juan 3:10

¡Seguramente un buscador de semejante calibre estaba preparado para
recibir respuestas! Pero Jesús no explicó. Tan sólo expuso el asunto.
Luego derramó renuevos de Verdad sobre Nicodemo
y dejó al hombre preguntándose el cómo y el por qué.

Jesús trató con cierta indignación la petición de su madre
para solventar la escasez de vino en la boda.
La llamó ‘mujer’, no ‘madre’, y con ello
la situó junto al resto de la humanidad, sin permitirle
que le dictara en razón a derechos familiares.
Y enseguida se volvió y
convirtió simple agua en vino extraordinario.
Quizás preguntó a Su Padre acerca de la ‘mujer’ para obtener
la única autorización que le interesaba.

Puedes implorar a Jesús, pero no manejarle a tu antojo.

No obstante...

Aun Sus sendas de Amor eran extrañas.
Amaba a quien no era digno de amor.
Amaba con esa extraña severidad de
negarse a actuar, mediante palabras fulminantes.
Le importaban poco la posición, ideas y engaños
de las autoridades. Lanzaba palabras mordaces y
usaba lenguaje violento con los que supuestamente conocían a Dios
pero que con su vida lo blasfemaban.
 
Y esa era la razón por la que les habló
desde el más duro y terrible Amor, ascuas de celo...
pasión hacia el Padre por encima de cualquier persona de la tierra.

En la furia de una tormenta, y de tal manera que perturbó aun
a pescadores curtidos, Él ¡dormía!
En el lugar mismo del terror más natural,
Él condenó su comprensible miedo como algo...
inexcusable.

A un cínico Natanael ofreció los cielos.
A una madre exasperada negó una sanidad,
para dársela al instante en que volvió a exigir lo mismo.
A María y Marta, cuya casa frecuentaba,
mostró indiferencia ante sus crisis.
Mientras su querido amigo Lázaro yacía moribundo,
Él correteaba de aquí para allá durante días de aparente inercia.
¡Después acudió a la tumba y le llamó a la vida!

Jesús no se movía por súplicas, no se inclinaba ante las demandas y
se aferraba a Su propio calendario, inmune al
bullicio de los planes que los humanos tenían para Él.

Jesús era ofensivo, y no no se paraba ahí porque... ¡lo era deliberadamente!
Para los discípulos era un fastidio andante,
y a menudo pensaban que ignoraba Su efecto devastador sobre aquellos
a quienes “tenía que convencer”.

Cada vez más sorprendidos, de vez en cuando los discípulos tenían
que decirle,
“¿te has dado cuenta de que has ofendido?”
Y Su respuesta incrementaba la ofensa.
Jesús sólo se preocupaba de no ofender a Uno, a Su Padre.

Así pues...

Es como Él es, no como lo definimos.
Es un completo milagro, un Ser incomprensible.
Su senda es un trayecto impredecible y Su propósito
es un secreto tan tierno en Su vulnerable corazón
que puedes tropezar y pasar por encima
sin darte cuenta siquiera de que lo has pasado por alto.

Nuestra condición de maravillarnos con Él tiene como finalidad
desnudar
a estas briznas terrenales de su pomposidad, de permitirnos
contemplar al Hijo en Su esplendor,
de seguir al Pastor por Su superioridad,
de adorar a este Cristo en Su incomparable Gloria.

Y...

He aquí lo más impresionante de todo...
¡Aquel que posee el Único Trono del universo
desea compartirlo con esa humanidad
que echó a perder Su propia creación!

 

En Cuanto a Mí

Así pues...

Me amoldo a lo que Él jamás se sometía.
Me preocupo de lo que Él vilipendiaba.
Aceptó lo que Él rechazaba.
Derramo lágrimas por lo que Él despreciaba.
No puedo amar lo que Él ama.
Nunca odio lo que Él odia.
No puedo ver lo que Él ve.

No le conozco.
Y Él no me posee.
Le conoceré sólo en la medida en que le
entregue mi cuerpo sin reservas
a Su posesión interior,
y rinda mi mente por entero
a Su ética misteriosa.
Le conozco sólo en la medida en que le lleve “puesto”.
Le entiendo sólo en la medida en que Su mente sea la mía.

Y...

Debo abandonar al mundo por completo y
su desquiciada visión de la decencia y del orden.
He de abandonar la integridad tal
y como la he conocido y me ha sido enseñada.
La integridad únicamente es la voluntad de Dios. Sólo eso es decencia.
Y aunque Su voluntad y palabra parecen crear el caos,
en realidad son tribuna frente al desorden,
para llevar a la tierra hacia Su orden divino.

Abandonaré las normas del protocolo y de la propiedad y
andaré los extraños caminos del Amor radical
y del Enfoque apasionado.

He de aprender en Su reino como ignorante extranjero
lo que es correcto y es incorrecto.
Desconozco a ambos.

Después...

Él debe amar a través de mí lo que Él ama.
Debe odiar a través de mí lo que Él odia.
Él debe ser lo que yo no puedo ser y lo que quizá jamás
pueda imitar ni entender.
No puedo anticiparme a Él ni apresarle.
Sólo puede sobrecojerme hasta que me disuelva en Su Ser.

Y...

“En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros,
para que tengamos confianza en el día del juicio;
pues como él es, así somos nosotros en este mundo.”

1 Juan 4:17

Esto quiere decir,

Llego a ti, Señor Jesús.
Tomo Tu yugo sobre mí
para aprender de Ti.

 

Como Jesús, Igual que Jesús

Por lo tanto...

Desde el día de Pentecostés
los discípulos –esos inconscientes y temblorosos hombres–
se convirtieron en seres extraños e impredecibles,
justo igual que su Jesús.

Con nuevos ojos abiertos por el Espíritu,
los discípulos empezaron a ver a Jesús como el “YO SOY”,
morando en ellos para habitar Él Mismo la tierra,
y los discípulos se hicieron como Jesús, IGUAL QUE Jesús.

Los discípulos le entregaron su libertad personal para que
Él fuera el Ser inescrutable,
un extraño para la naturaleza humana,
pero presente frente a la necesidad descarnada que de Él tenían.

Y...

Por el nombre de Jesús ordenaron a un cojo que saltara.
Golpeados, se regocijaron. En prisiones, las cadenas cayeron.

El que servía mesas murió apedreado,
pero vio los cielos abiertos y
al Salvador en pie para recibirle en gloria.
Felipe fue tomado a otro lugar en el Espíritu.

Una amada mujer fue levantada de los muertos.
Un malvado fue cegado. Fuerzas demoníacas abandonaron
a una muchacha.

Los discípulos eran pobres y lo aceptaron con gozo.
Perseguidos, abrazaron la persecución.

Lo que Él hizo, ellos hicieron.
Poseían la valentía que Él desplegaba.

Vivieron ajenos a la esfera de la normalidad humana
porque fueron engullidos por Él y porque...

Jesús, el Misterio Viviente... ¡vivía de nuevo!

Copyright © 2007 Martha Kilpatrick

 

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