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“The reward of religion is torment.” — Quoting Carole Nelson (Podcast #60)

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Estos artículos han sido traducidos al español para tu edificación por otros santos del Cuerpo de Cristo, hambrientos y sedientos por conocer a Cristo. Han sido extraidos de las diferentes secciones de nuestra web, como quien extrae un tesoro para asistirte en tu viaje. Esperamos llenos de fervor que te estimulen, que toquen tu espíritu y que aviven aún más las llamas de tu amor hacia nuestro Salvador Jesucristo. ¡Dios te bendiga! ¡Disfrútalo!

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La Paz de Abel

Author: Martha Kilpatrick  25 March 2011

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  Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda Genésis 4:4b Biblia Ampliada   Abel no es puro. No es un hombre inocente. Su favor ante Dios radica en que está dispuesto a considerarse tal y como es. No lucha ni se esfuerza por ser “algo diferente”. Este Abel no parece estar capacitado para ser nada aparte de un ser humano pecador y necesitado.   Todo cuanto es Abel se halla en los rasgos del niño al cual Jesús nos llama. Un hombre de profunda sencillez e insondable humildad: sin doblez, sofisticación, grandiosidad o mezquindad.   Dios dice “sangre”. ¡Ese gran ... read remainder of article

  Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda

Genésis 4:4b Biblia Ampliada

 

Abel no es puro. No es un hombre inocente.

Su favor ante Dios radica en que

está dispuesto a considerarse tal y como es.

No lucha ni se esfuerza por ser

“algo diferente”.

Este Abel no parece estar capacitado para ser nada

aparte de un ser humano pecador y necesitado.

 

Todo cuanto es Abel se halla en los rasgos del niño

al cual Jesús nos llama.

Un hombre de profunda sencillez e insondable humildad:

sin doblez, sofisticación,

grandiosidad o mezquindad.

 

Dios dice “sangre”. ¡Ese gran misterio!

Abel se limita a decir “Sí”. Su credo es dictado por Dios.

No crea el suyo propio.

Y su confianza como de niño ante su padre es satisfecha.

 

Así pues, Abel está satisfecho con la ofrenda de sangre.

 

Mediante la sangre Abel ha conocido la satisfacción de Dios,

una experiencia de gracia en la que Caín jamás se adentró.

Caín ha tenido la gracia de la búsqueda personal de Dios, pero no

ha experimentado la libertad ni se ha desligado de su propia culpa.

 

Abel disfrutaba esa comunión de paz

que la gracia entrega cuando la gracia se recibe.

Sólo la sangre habría de afianzar ese hecho y

Caín había despreciado ese odioso sacrificio.

La “sangre” había insultado su confianza

y asaltado su sensibilidad.

La sangre no presta lugar para lo Propio,

ni oportunidad para la hazaña jactanciosa.

Es por esto que la sangre es tan ofensiva:

niega al yo a todos los niveles.

 

Por tanto, para recibir la sangre como solución íntegra,

uno ha de ser en verdad muy humilde.

 

Abel destila el sosiego de la reconciliación divina.

Este hombre, enfrascado en su ofrenda de pureza mediante el perdón,

no concibe como algo plausible eludir la sangre,

¡rehusar la sangre!

 

Tan simple.

Caín es quien lo ha hecho complejo.

 

¡La recompensa!

Caín había exigido recompensa

sin rendición.

Al rechazar el don, ha perdido al Dador.

 

Desde su punto de vista, Abel se pregunta, “¿cómo fue capaz de hacerlo?”

¡Abel está desconcertado!

Para él la ambición de Caín es un enigma,

y su forma de pensar un laberinto.

La imaginación de Abel

no es capaz de comprender

a su hermano descontento.

 

La paz de su hermano más joven, más pequeño,

es locura para Caín.

El gozo sereno de Abel no es producto de la inocencia,

sino de la limpieza de una conciencia que

no sólo obtenía perdón,

sino que disolvía su propia codicia

 

Esa misma alma tenebrosa vive en Abel, pero

reniega de ella sin darle crédito alguno.

Sabiendo que es pecado,

conquistó al pecado. Con el patrón de Dios.

Con sangre.

 

Abel no tenía doblez. Se movía en realidades y

sus verdades yacían sobre lo que era obvio:

Él ES un pecador. Necesita a Dios.

¡En la sangre Abel TIENE a Dios!

Se acabó el asunto.

 

Las argucias le son ajenas y

un tanto innecesarias.

 

Mediante la humildad de la confesión y la

respuesta de la sangre, Abel ha repelido

a la bestia que acecha a su puerta.

¡La sangre aleja de la puerta

al “Pecado” que acecha!

Por tanto Abel no vive atormentado

con desbocadas ilusiones y la ambición de un necio

como vive Caín.

 

Abel regresa a su vida sin pretensiones,

cuidándose de sus propios ganados y campos.

Y la presencia de Dios va con él.

Pero Abel es hombre vulnerable

en el bosque traslúcido que es

su perdonado corazón.

 

Baja su propia guardia y se hace vulnerable a sí mismo y…

concurre ante su Dios.

Así pues, vive con un corazón desnudo, dando por hecho

que los demás viven en un alma tan ajena a la mezcla como la suya.

E interactúa en inocencia con

una pureza natural.

 

Ambos hombres se hallan en sendas tan dispares que

no hay verdadera conexión fraternal en ninguno de ellos

hacia el otro.

En su llana integridad, Abel mantiene

una lealtad hacia Caín que habrá de convertirse

en su propia ruina.

 

La perplejidad de Abel ante los esfuerzos y luchas de Caín

le desguarnece ante la astucia de su hermano.

En nada sospecharía de Caín algo tan tenebroso como un asesinato.

 

El hombre perdonado no es rival para el hombre celoso.

Por ende Abel sigue a Caín al campo

con toda modestia de corazón.

 

Cordero que va al matadero.

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