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EL DUEÑO DE LOS BIENES

Author: John Enslow

20 March 2008

Hay un refrán que dice, “el que tiene los bienes, tiene todo el poder”.

Si algo que necesitas o deseas, yo ostento el poder. Cristo tuvo todos los bienes. Él tiene lo que necesitamos y queremos y Él determina su valor.

En Juan 1:38 Jesús dijo a discípulos potenciales, “¿qué buscáis?”. Con esta declaración desveló el valor e incrementó el nivel de deseo de los bienes que retenía.

Cristo lo tenía todo en Su mano y mantuvo el derecho y autoridad sobre ello.

No se lanzaba calle abajo sobre las personas. No llamaba a las puertas. No, conservaba el valor e integridad de lo que poseía mediante un acceso limitado.

No se entregaba al hombre, pues sabía lo que había en el hombre. Ver Juan 2:24, 25.

Los fariseos sabían que no era un vendedor ambulante.

Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios.
Marcos 12:14

El poder que creían ostentar era el de su aprobación o rechazo, y Jesús no buscaba eso. Si Cristo buscaba en los ojos de los transeúntes el guiño de aceptación, Su Evangelio habría sido inutilizado, abaratado y anulado.

Si busco la aprobación del hombre, disminuyo el valor de las Buenas Nuevas. En vez de embajador me vuelvo embarrador. Si soy salvo y llevo en mis huesos las Buenas Nuevas de Dios, tengo que permitir que la dignidad de Cristo se mantenga a través de mí. Las Buenas Nuevas del Reino se predicaban por las calles, no se subastaban. Esto no significa que yergo la cabeza con orgullo, ¡NO! Pero tampoco miro a través del ojo de mi inferioridad personal para ganar su aprobación.

Jesús ofendió, hizo desistir y de algún modo ahuyentó a discípulos potenciales. El Evangelio no se amoldaba a nadie. No consintió catálogos de gustos personales ni un evangelio a la carta.

¿Y por qué? ¿Por qué era tan brusco? ¿Por qué despedía a los que precisamente le seguían? ¿Por qué, Jesús, por qué?

Por esto:
No buscaba filósofos que adoptaran un ideal.

No buscaba mercenarios para una cruzada.

No buscaba científicos que ingeniaran una teoría.

No buscaba maestros que impartieran doctrina.

No buscaba religiosos que enseñaran teología.

No buscaba gestores que supervisaran un plan.

No buscaba plañideras que consolaran y animaran.

No buscaba expositores que argumentaran un caso.

No buscaba filantrópicos que sufragaran un ideal.

Ni siquiera buscaba seguidores que le acompañaran por los caminos.

No, lo que buscaba este Hombre misterioso, el que tenía todo el poder, era AMANTES.

Aquellos que le siguieran, sí, pero no como quien sigue a un Rabí asintiendo a enseñanzas y mandamientos con un amén. No, Él deseaba encontrar quien le abrazara, aquellos que le valoraban tanto que sólo se pudiera comparar al valor que Él daba al Padre. Anhelaba amantes, enfermos de deseo, atrapados por la intriga.

No perseguía porque los amantes buscan. No corría detrás de nadie porque los amantes no se marchan.

Elevó la apuesta ante la perspectiva del amor:

No es una emoción, aunque está plagado de emociones.
No es conseguirlo, sino ser conseguido.

El amor es algo que está fuera a uno mismo, pero no ajeno a uno mismo. Se dirige hacia afuera, a abrazar, a mirar detenidamente lo que no puede tenerse ni poseerse, aunque está en completa unión.

Buscaba aquellos raptados, poseídos por Él, aquellos que lo dejarían todo por una mirada seductora.

Los ideales pueden hacer mártires. El poder del odio puede retenerte en el fuego. Pero sólo el amor provocará que abandones por completo a tu yo. Hasta el fin de tus derechos, opiniones, posesiones y relaciones personales. Sólo el amor puede deshacer ataduras invisibles a padres, hermanos, familia y amigos.

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí.
Mateo 10::37

El amor es la respuesta y amantes es lo que Él desea.

¡Padre, incrementa nuestro AMOR!, para que podamos ser embajadores, no embarradores.

¡Padre, incrementa nuestro AMOR!, que podamos valorar este Precioso Tesoro que Tú no permites que nadie pisotee al imponer un “acceso controlado”.
 

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